Inmaculados

¿Quién,
quiénes? ¿Todos? ¡Ninguno! ¿Por qué? En este tiempo, ya el año 23 del
siglo veintiuno, la realidad ya impone un estado de régimen distinto, un
nuevo paradigma en las comunicaciones sociales, su instantaneidad, su
beligerancia, lo inmisericorde de ellas; así como levantan, dejan caer.

No
hay quién se libre de lo que hizo ayer, de lo que dijo o escribió
anteayer, que con quién fue visto, o lo que hizo en el liceo, cuántas
anotaciones de mal comportamiento hay consignadas en el libro de clases,
del video que aún se conserva cuando pintaba un grafiti en un muro, que
quiénes son sus amistades, de quién es padrino, si paga regularmente
todas sus cuentas, si firmó o no firmó una lista de adhesiones a un
movimiento, eso para referirnos a cuestiones sencillas, pues las hay más
delicadas, pues ya no deberíamos sorprendernos hay registros públicos
de todo.

En
otro tiempo, había que esperar más, bastante diría, quizás solo después
de la muerte de alguien, por ejemplo, recién se tenía conocimiento
público de comunicaciones epistolares que develaban amores secretos.

Sin
mácula, sin mancha, sin tacha, sin impugnación, hoy, difícil; antes,
también. La diferencia es que ahora, donde se ponga el ojo, donde se
gire, hay registro, marca, huella, querámoslo o no. A modo de ejemplo,
las marcas digitales de nuestro hacer diario, en algunos casos, ya se
itinera al paso del vehículo que conducimos al salir del lugar de
estacionamiento del condominio donde vivimos y, también, por las vías de
circulación que ocupamos en ciudades metropolitanas los portales de
ciertas vías registran nuestro paso. Al llegar a nuestro destino, si
este es con acceso a estacionamiento en el lugar de nuestro trabajo, por
ejemplo, también hay cámaras o claves de acceso. Y así, un suma y
sigue. Ya no debiéramos sorprendernos. Incluso ya no se guarda reserva,
se corre el riesgo, no más. En todo ámbito, la competencia, el
individualismo, el egoísmo, todo lo puede.

Basta
que alguien asome la cabeza, y ya se la cortan. Sea que alguien sea
elegido, sea designado, sea nominado, sea seleccionado, y ¡ya!, comienza
la cacería de brujas, y ni siquiera es necesario periodismo de
investigación, cualquier mortal navega o surfea en internet con cierto
esmero, con cierta paciencia y logra resultados en su búsqueda. ¡Qué
increíble!

Señalaba
al inicio, ¿es posible hallar a alguien inmaculado? Si el escrutinio no
es muy exigente o el cedazo, no muy fino, quizás.

¿Recomendaciones? ¿Será posible alguna? Concluyo y cito: “El que no tenga pecado lance la primera piedra”.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS