Inmigración, ONU, gobernador Flies y otras

La
obviedad de partir con que el Magallanes que conocemos hoy es una
tierra de inmigrantes de diversas latitudes del mundo, incluidos también
dentro de la movilización de una tierra a otra a los queridos hijos de
la isla de Chiloé, es una realidad histórica que nadie se ha atrevido si
quiera poner en duda.

Pues
bien, esa inmigración, que principalmente se da al comienzo del siglo
pasado, contribuyó al desarrollo de esta región austral, pero también
tiene sombras y un debate áspero que perdura hasta nuestros días; sobre
todo, en el trato que se le dio al aborigen, llevando incluso a algunas
etnias a la extinción y a otras dejarlas en su mínima expresión (vaya mi
homenaje a Cristina Calderón y todo el pueblo yagán que resiste en isla
Navarino).

En
la semana, la opinión pública se ha enterado de un acuerdo firmado por
nuestro gobernador regional, Jorge Flies, y la Organización de Naciones
Unidas. Hasta el momento, lo poco que se conoce de todo este entuerto es
que hay algunos en contra, mayoritariamente por lo que está sucediendo
en el norte de nuestro país y por no ser consultados, y en la otra
vereda, los que dicen que puede ser una oportunidad para Magallanes.

Si
bien es cierto que los ánimos están muy caldeados, y que la temática de
la inmigración en la actualidad no genera consensos ni en la ciudadanía
ni en los políticos que toman las decisiones, no se puede cerrar los
ojos y dejar que lo sucedido en la frontera norte del país se replique
en ningún otro lugar.

Al
escuchar al gobernador Flies (insisto que no conozco los puntos del
acuerdo firmado con la ONU), al menos me hace sentido el ordenar una
inmigración, donde lleguen hombres y mujeres que vengan a contribuir a
nuestro futuro, que sean un aporte y que vayan entrando a medida de las
necesidades territoriales, industriales, de mano de obra, etc, que se
crean pertinentes.

El
nuevo Gobierno entrante de Gabriel Boric tendrá que comenzar con una
carga heredada de un Presidente que dejó de gobernar hace dos años, que
incluso se dio el gusto de viajar a Cúcuta (frontera de Colombia con
Venezuela) para invitar abiertamente a los vinotinto a venir a Chile
como un “paraíso próspero”.

No
quiero ser injusto y responsabilizar solamente al presidente Piñera.
Bien sabemos que nuestra política de inmigración es arcaica y obsoleta,
que no responde a las necesidades del Chile y el mundo actual. Pues
bien, los parlamentarios de lado y lado no pueden rasgar vestiduras,
ellos son tan culpables como quien trabaja en La Moneda.

No
podemos tener medidas populistas como una expulsión masiva ni crear
zanjas ni muros, pero tampoco podemos pensar en la panacea de que aquí
todos caben.

Me
quiero quedar, al menos, con la intención de discutir de fondo y
responsablemente en el Chile del futuro, sin miedos, pero sin utopías.
Si seguimos haciendo lo mismo, estamos destinados al fracaso.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS