Las
imágenes de las movilizaciones en contra de la inmigración en el norte
de nuestro país han provocado diversas reacciones. Después de una
semana, creo posible extraer algunas conclusiones que nos permitan
entender los enormes desafíos que implican los procesos migratorios. Las
migraciones masivas no son un tema fácil y han implicado enormes
desafíos para todos los Estados modernos. En un mundo globalizado, sin
duda la inmigración es una de las temáticas más complejas de enfrentar
por parte de los Estados. No me cabe duda que lo que hemos visto esta
última semana nos han recordado las dramáticas imágenes del
mediterráneo, o de la frontera entre México y Estados Unidos que
probablemente creíamos inimaginables en nuestro país.
Ante
ello hay ciertos aspectos importantes que resaltar. Primero, migrar es
un Derecho Humano. Y, pese a las imágenes que vimos el fin de semana
pasado, al parecer es solo un pequeño grupo el que aún no adopta este
compromiso civilizatorio. Me atrevo a decir que la gran mayoría de los
chilenos y chilenas tienen un compromiso real con los Derechos Humanos
de las personas, independiente de su nacionalidad. En frente del par de
miles de personas que se movilizaron, habemos muchísimos más que
reconocemos en los otros a un ser humano digno, y que, por ello,
independiente de su raza, nacionalidad, sexualidad, tendencia política,
tiene derecho a ciertas condiciones que le permitan desarrollarse
libremente.
Pero
hay que estar muy alerta, porque los discursos discriminatorios,
racistas, xenofóbicos y fascistas son una amenaza constante y siempre
rodean el debate público. Por lo que es importante reafirmar nuestro
compromiso con los Derechos Humanos siempre. No estamos libres de esos fantasmas, por lo que hay que estar atentos.
Para
ello, no basta solo con levantar eslóganes. Enfrentar procesos
migratorios de forma exitosa requiere de un esfuerzo estatal y de
políticas públicas apropiadas. No basta con abrir las puertas, ni
tampoco con tratar de cerrarlas y perseguir a personas que han recorrido
todo un continente para mejorar sus condiciones de vida. Se requiere de
un Estado que genere las condiciones sociales para que la inmigración
implique bienestar, entre ellas, políticas laborales, de vivienda,
refugios en casos críticos como el que estamos viviendo. Si ello no
ocurre, como hemos visto en los últimos años, las crisis migratorias
florecen y no solo sufren los inmigrantes, sino también quienes habitan
las ciudades o poblados más cercanas a las fronteras sufren las
consecuencias.
La
inmigración es un desafío complejo, que no cuenta con soluciones
mágicas, pero con políticas públicas apropiadas es posible garantizar el derecho humano a migrar.