El
sino de estos tiempos. Instrumental, partido instrumental, virtual,
candidato virtual, digital, redes de comunicación digital,… ¿?
Partido
instrumental. ¡Hum! Y no es uno, ¡son varios!, casi no alcanzan a
generar un logo ni timbre, porque al primer enojo cambia el nombre, se
desarticula o no consigue preferencias.
Candidato
virtual. Y no lo vemos, no los vemos, digo, en persona, de cuerpo
presente; antes había proclamaciones, concentraciones, marchas; hoy,
reuniones virtuales, a través de aplicaciones informáticas, y no solo
por razones sanitarias, incluso mediando publicidad consumista.
Redes
de comunicación digital. Y todo al alcance de un dedo, de los dedos,
que no cesan de pulsar y pulsar teclados o pantallas para saber de
posteos, imágenes, estadísticas, declaraciones, debates, programas,…
todo, todo, a distancia, kilómetros y kilómetros, miles de kilómetros,
incluso.
Todo
curioso, ¿no? Muy curioso, y raro, para quienes frisamos algunas
décadas y, no tanto, para las generaciones jóvenes. No obstante,
buscamos ideas, sí, ideas, ideas grandes, esas que se sostienen en el
tiempo, que no varíen de un rato a otro, o en veinticuatro horas,
acomodaticiamente, mediando solicitud de perdón, excusas o explicaciones
más o menos. Esas ideas, diré, las que se acostumbraban antes, no
concurren, hoy son ideas muy instrumentales. Todas median de modos muy
artificiosos para la consecución de los fines, casi siempre de modo
calculado, muy, muy calculado, incluso con objetivos o propósitos que
nos hacen cavilar, a veces, más de la cuenta.
¡Ojo!,
me refiero a unos y otros. Este comentario, que no análisis, se suma a
muchos otros que se vienen realizando hace unos cuantos años, así
quienes se desempeñan en funciones parlamentarias, por lo menos, lo
saben, han recibido el mensaje varias veces, pero a la perseverancia de
unos se añade la insistencia de otros. Porfía contra porfía. Dale que
dale.
Son necesarios los cambios, que sí, son necesarios.
Imagino
algunos, nueva articulación geopolítica del país. Se vienen a mi
memoria las veinticinco provincias de los sesenta, y los escolares de
entonces las sabíamos, y sus capitales. Últimamente, brotan nuevas
regiones, nuevas articulaciones, un Estado más pesado, más costoso,
también. Es cierto, son más los habitantes del país, muchos más, hay
mayor concentración en lo urbano, ciudades más pobladas, más colores,
más identidades, que reclaman equilibrios, armonías, equidades.
¿Saben?
En otro orden de cosas, hurgo en mi memoria y, escolares de primaria
que éramos, nos sabíamos los nombres de los ministros, por ejemplo, del
interior, Sótero del Río Gundián; de relaciones exteriores, Carlos
Martínez Sotomayor, y otros, Ernesto Pinto Lagarrigue, Julio Philippi,
Luis Mackenna, esos son algunos. ¡Ah!, y era parte de nuestra mínima
educación cívica, saber el nombre las comunas próximas, sus capitales,
el nombre de las autoridades provinciales y locales.
¿Qué
ocurre hoy? Si alguien se levanta, habla, escribe, opina, de inmediato
es bajado a punta de descalificaciones, por decir lo menos.
No
basta con la voluntad de servir, no basta querer ser un servidor
público. Lo perturbador es, en este tiempo, que se sabe de muchos casos
de quienes se sirven de lo público, antes de ser genuinos servidores de
la gente.
Raya
para la suma. Ni instrumental ni virtual ni digital, mejor, mucho mejor
ser un servidor real, presente, en tres dimensiones, que mire, que
escuche, que diga, que acompañe…