Durante estos 65 días de estallido social hemos visto muchas actitudes totalmente irracionales. Se han justificado hechos violentistas y agresiones que han puesto en peligro la democracia. El último hecho absolutamente condenable es la agresión y funa al diputado magallánico Gabriel Boric. Esas funas son parte de la violencia desatada. Si hay algo que aprender en estos más de dos meses, es que nunca se debe justificar la insurrección. Si algo nos queda más que claro en este tiempo, es que si la violencia se apoderó de nuestras calles es precisamente porque en algún momento fue justificada, incluso poniendo en riesgo nuestra democracia, la que tanto nos costó reconstruir en estos 47 años. Las demandas con violencia son chantaje. Así no se puede. A Boric lo amenazaron precisamente los que en estos 65 días no han aprendido nada. Porque sin perjuicio de lo anterior, ayer en la tarde también salieron muchos a manifestar que la pasividad en la actitud del parlamentario se trataría de un montaje para victimizarlo y posicionarlo en un espectro electoral mucho más amplio. Lo concreto es que también hubo muchas voces políticas trasversales de absoluta condena con la agresión, porque no se debe olvidar que Boric es un parlamentario elegido democráticamente y que precisamente en nuestra región obtuvo la más alta votación.