Opiniones
diversas con más o menos consenso pero sin duda podemos coincidir en
que, hablar de inteligencia artificial, resulta ser un tema
prácticamente inevitable y que, cada vez que profundizamos un poco más
en sus alcances, nos damos cuenta que, proporcionalmente, nos
encontramos con que tiene mucho que ver con nosotros, con nuestras
actividades cotidianas y ni hablar de la vida futura.
Asunto
emergente y en directa relación con la educación y los procesos de
enseñanza, estamos en condiciones de asegurar que, a esta altura es una
obligación para quienes estamos involucrados con las escuelas, dialogar,
debatir y principalmente reflexionar sobre el presente de la
Inteligencia artificial y cómo puede llegar a afectar en el
funcionamiento del sistema educativo y la realidad de las comunidades.
El
reciente Congreso Futuro 2024, abordó el tema desde diferentes
perspectivas, también en Punta Arenas, con interesantes presentaciones y
diálogos, como el propuesto por Christa Prusskij, directora ejecutiva
de la Sociedad Finlandesa de Educación Mediática, quien destacó la
importancia de la alfabetización mediática en medio de la era digital
por la que atravesamos.
La
educadora, aprovechó el momento para hacer el llamado a “detenernos y
pensar sobre lo que estamos viendo y compartiendo en línea”. Por
ejemplo, el hecho de poder fomentar un pensamiento crítico, frente a los
múltiples contenidos digitales disponibles y los que estamos expuestos
gran parte de nuestra vida.
Prusskij,
alude a algo que puede parecer básico y elemental pero que resulta
fundamental a la hora de educar en este sentido. Se trata finalmente o
muy especialmente de, contar con una base sólida en lectoescritura.
Ahora,
al momento de entrar en este terreno, no podemos perder de vista la
brecha que tenemos en Latinoamérica con cifras muy lejanas a una
situación óptima de cara a la alfabetización mediática, teniendo
presente la velocidad de los cambios y el desarrollo de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación.
En
este contexto, resulta crucial, en un primer término, asumir una
realidad digital que avanza a un ritmo que no siempre alcanzamos a
digerir como corresponde, y que la influencia de estos fenómenos,
involucra a la sociedad en su conjunto. En esta realidad, es preciso
educarnos, formarnos desde los propios docentes, dotándolos de las
herramientas necesarias para comprender oportunamente un mundo
digitalizado, y que les permita implementar esa información y
conocimientos en el aula.
Hablamos
hace algunas semanas en este mismo espacio, a propósito del uso del
teléfono celular en las escuelas, que, en el caso de los móviles, se
trata de uno de los tantos otros aspectos involucrados.
El
asunto va bastante más allá incluso de la moda de ChatGPT y sus
posibilidades hasta ahora, impensadas, tenemos que plantearnos de qué
manera nos preparamos para hacer uso de estas herramientas digitales,
tan reales como la vida misma. Cómo vamos a aplicar estos recursos en el
aula, como enseñaremos a los estudiantes a utilizar la inteligencia
artificial para mejorar los procesos y obtener los mejores resultados
para avanzar en mejores condiciones de vida.
Planes
de estudios actualizados para enfrentar nuevas realidades resultan
indispensables en este escenario, docentes y estudiantes con capacidades
reflexivas teóricas y éticas adecuadas para saber bien qué hacer con la
IA.