Internet en tiempos de crisis sanitaria

Calles totalmente vacías en Santiago, Berlín, Madrid, Roma y Buenos Aires. En grandes capitales del mundo. Y acá en Magallanes, al igual que en esas urbes, no funcionan los cines, los restaurantes, las casas de electrodomésticos ni tampoco los parques de diversión. No hay masivas manifestaciones post estallido social, actos proselitistas ni debates televisivos. Incluso las elecciones son postergadas. Aunque el COVID-19 constituya un emergente de dimensiones sin precedentes, la comunicación global no se va a apagar. Ello no va a suceder. Y una razón fundamental es la internet. Si se necesitara una prueba de hasta qué grado puede el mundo virtual sustituir al mundo real, millones de personas en cuarentena la están proporcionando en estos días. Si no ejercemos profesiones que exigen presencia física en el puesto de trabajo, organizamos reuniones virtuales de trabajo. Incluso hasta en nuestra región ya se implementó hacer compras de alimentos y artículos de limpieza en forma remota; intervenimos en blogs, enviamos artículos para su publicación virtual y compramos libros electrónicos para leer en nuestra tablet. Y muchos pueden participar de los llamados a la solidaridad social mediante hashtags como #QuedateEnCasa. La internet llegó para lucirse en medio de esta crisis sanitaria. Nuestros hijos están asistiendo a las aulas virtuales que ofrecen sus escuelas, incluso la Iglesia Católica de Magallanes anunció servicios religiosos por Facecook y hay tutoriales de YouTube para hacer ejercicios en nuestros hogares.

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