Casi
un año con calles más vacías en la mayoría de las ciudades del país. Y
también en grandes capitales del mundo. Y acá en Magallanes, al igual
que en esas urbes dejaron de funcionar de manera presencial muchos
servicios y gran parte del comercio.
El Covid-19 constituyó un emergente
de dimensiones sin precedentes, pero la comunicación global nunca se
apagó. Y una razón fundamental fue la internet. Si se necesitara una
prueba de hasta qué grado puede el mundo virtual sustituir al mundo
real, millones de personas en cuarentena la están proporcionando en
estos días. Si no ejercemos profesiones que exigen presencia física en
el puesto de trabajo, organizamos reuniones virtuales de trabajo.
Incluso se implementó hacer compras de alimentos y artículos de limpieza
en forma remota; intervenimos en blogs, enviamos artículos para su
publicación virtual y compramos libros electrónicos para leer en nuestra
tablet. El delivery está de moda y seguirá así.
La internet llegó para
lucirse en medio de esta crisis sanitaria. Nuestros hijos asistieron a
las aulas virtuales, incluso las iglesias Católica y Evangélica de
Magallanes hicieron sus servicios religiosos por Facebook y hay
tutoriales de YouTube para hacer ejercicios en nuestros hogares. Estos
son los nuevos tiempos, que llegaron para quedarse. Por eso es aún más
fundamental acelerar la anhelada conexión a la Fibra Óptica Austral.
Y
solo ahí nos daremos cuenta de lo que nos mejora nuestra herramienta más
fundamental en nuestros hogares: la internet.