Interpretar la realidad

“De
tanto ahorrar en educación nos hemos hecho millonarios en ignorancia”,
nos ha dicho con su simpleza acostumbrada la simpática Mafalda y sus
frases son celebradas por todos, incluso por aquellos que han sido
contratados para legislar, que reciben proyectos de ley y que no se dan
el tiempo para leerlos. Esperan que otros lo hagan y, con la visión de
sus múltiples asesores, muchas veces sin conocimiento, sin reflexión,
sin consulta a las bases, las terminan aprobando.

No
es la primera vez que oímos a los legisladores que no leyeron tal o
cual relato, incluso un programa de gobierno de su propia abanderada y
terminan suscribiendo cualquier cosa para, luego, mostrar
desvergonzadamente su errado proceder. Tener que ir al baño, a un set de
TV, a tomar un avión para un fastuoso viaje o para iniciar pronto sus
vacaciones, entre otras consabidas distracciones, no les justifica no
leer lo que se les presenta. El país les paga para ello, para
informarse, para consultar o reflexionar cuando el tema es complejo por
más urgente que sea.

Celebramos
a quienes hacen un trabajo serio y responsable, pero debemos repudiar a
quienes se complacen con decir que se hizo la pega y que patinan al dar
explicaciones respecto de sus decisiones. Vamos a oír mucho de esto en
los próximos días y esperemos que la vergüenza colectiva no termine
diluyéndose con noticias rimbombantes que hagan distraer la atención de
la ciudadanía. La ocurrencia de hechos tan dramáticos como el de las
últimas semanas han copado la agenda noticiosa y por horas los canales
han jugado con el drama de una familia, atrayendo el ánimo morboso de
gran parte de la población. No es problema del periodismo sino de los
editores preocupados por el rating.

Siempre
que los medios dan una cobertura tan especial a un caso es porque hay
algo que se está ocultando. Hace unos días dos balas mataron a dos
pequeños inocentes y la noticia hasta ahí no más quedó, mientras tanto
pasan sin notarse aguas sucias bajos los puentes y nadie se toma el
tiempo de verlas. Vivimos en una constante ubicación de piezas del
ajedrez político que se confunde con el económico que los nutre y de los
que tienen el control de los medios para orientar o distraer. La
denominada Ley Mordaza, los acuerdos del TPP-11, la militarización de la
Araucanía, quedan reducidos al olvido o escondidos bajo la alfombra.

La
independencia de la prensa deberá estar regulada en la carta
fundamental con un Consejo Nacional de Televisión que realice
efectivamente el trabajo de control y que genere conciencia ciudadana.
No debe ser utilizada para coartar la libre expresión de las ideas, pero
debe tener una visión pluricultural para señalar aquellas cosas que
hacen mal al buen vivir de la ciudadanía y someterse a la crítica
ciudadana. El debate llama a una verdadera reflexión. Debe estar llamada
a sancionar los excesos e irreverencias, pero también debe asumir la
obligación de dar a conocer sus acuerdos y posiciones y fundamentar sus
estudios y decisiones en el apoyo de académicos, intelectuales y
profesionales de la educación o del área de la sociología, para que el
país esté más informado, instruido y culturizado.

Novelas
turcas que imponen un machismo exacerbado que procuramos erradicar de
nuestra sociedad, la excesiva autoreferencia de quienes profitan de
sueldos millonarios en los medios y la elevación de la mediocridad a
niveles de ejemplificación, entre otros, terminan perjudicando el alma
de los chilenos que ven con pavor la enorme desigualdad que se cierne
sobre nuestra sociedad. Queremos saber que ocurre en nuestro país, con
noticias cortas y precisas, con trasparencia global de información y
reales aportes mediáticos que permitan conocer donde vivimos, con
quienes compartimos, sus necesidades, anhelos y esfuerzos. La
Constitución deberá entrar a cuidar ese importante aspecto de la
sociedad y consagrar como fundamental el derecho de acceder a la
información, como también a la de informar verdaderamente.

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