Involución Nacional

Violencia,
destrucción, robos, saqueos, agresión, polarización y odio. Son algunos
de los elementos conceptuales que, desde el 18 de octubre de 2019 a la
fecha, han definido la hoja de ruta de esta nación llamada (por el
momento, nunca se sabe) “Chile”.

Conceptos
que se han ido (y muy malamente) normalizando, promoviendo la
indiferencia y el desdén. Todo, avalado por un gobierno aletargado, con
una Ministra del Interior ausente y que si no está pauteada,
simplemente, no habla ni da declaraciones. Al paso han salido el hijo
pródigo de Magallanes, la vocera de Gobierno y quien pueda hablar. Pero
Siches no, al menos no sola.

Entonces
la pregunta del millón es obvia: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
¿Cómo lo hará un gobierno que, siendo oposición, validó y promovió la
desobediencia civil, la violencia, como herramienta combativa para
alcanzar sus propósitos? ¿Cómo se plantan antes los violentistas para
exigirles un “ya poh, córtenla” si quienes hoy están en el poder
provienen, en general, de ese mundo de violencia, lumpen, saqueo y
destrucción?

Ahora
lo interesante es que no llegaron al poder solos, sino validados en el
voto popular. Por lo que es legítimo preguntarse: Las personas, además
de ignorantes y cívicamente medi
ocres,
¿también son estúpidas? ¿de verdad les da exactamente lo mismo lo que
suceda con Chile? ¿en serio no se han dado cuenta de lo que ocurre a su
alrededor o, en este caso, más allá de las fronteras geográficas de
Magallanes?

No
cabe duda de que estamos ante un fenómeno de acelerada involución, una
donde socialmente se valida la mediocridad, se resalta el trabajo a
medias o mal hecho, las personas buenas y profesionales competentes no
tienen cabida y la violencia es el estandarte para lograr metas, dejando
en el pasado el diálogo, acuerdos y consensos que alguna vez brillaron,
especialmente en el retorno a la democracia.

Chile no sólo es una nación que avanza en su proceso transformador orientado a la involución, a la precarización y la pobreza.
También es un país de gente profundamente egoísta, de cuestionables
niveles cognitivos y legítimo esfuerzo. Un país de inconsistencia donde
cualquier persona puede llegar, aunque sea mayoritariamente a base de
mentiras, al poder. Y una vez logrado, cambiar las veces que quiera de
opinión sin hacer, ni avanzar, en nada concreto. Total, no lo necesita
por una cuestión muy simple: ustedes votaron por él, eligieron su
gobierno. ahora se la bancan.

Porque esto es sin llorar ni lamentar.

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