En estos casi seis meses de pandemia nos hemos percatado de altas irresponsabilidades en redes sociales y justamente con desinformación acerca de esta crisis que nos aflige a todos. Las teorías conspirativas sobre el Coronavirus se multiplican a diario a raíz de la rápida viralización. La mayoría son potenciadas por influencers ideológicamente diversos, que combinan temáticas tan distintas como la medicina alternativa, pasajes de la Biblia o iniciativas solidarias, con discursos contra la cuarentena o la vacunación. Y son muy peligrosas, porque difunden a ataques tanto a la OMS como al Gobierno de turno en cada país. En Chile se le ataca al oficialismo queriendo instalar que el Gobierno utiliza la pandemia cancelar el plebiscito. Algunos conservadores religiosos se sienten divinamente protegidos del Covid-19, mientras comunidades progresistas promueven soluciones seudocientíficas, como la medicina antroposófica, de gran influencia en Chile. A través de redes sociales también se plantea que la pandemia es un plan de “las élites” para vacunar a la población con chips de control mental, y otras que pueden sonar razonables, pero han sido repetidamente desmentidas por la comunidad científica, como las que relacionan las vacunas con el autismo. Por ello hay que ser cautos con todo este bombardeo de información y también no dejarse llevar por aquellos opinólogos que creen saberlo todo. Las redes sociales son una plaza pública, donde todos pueden opinar. Pero hay que tomarlas solo como eso. Una opinión y seguir las instrucciones de las autoridades a través de los medios tradicionales. Es bueno para ello bloquear todo lo que consideremos tóxico, porque finalmente igual nos podemos terminar contagiando si le damos una cuota de veracidad a aquellos irresponsables que en estos meses se han multiplicado.