Hace
pocos días se recordó un año más desde que Jaime Guzmán Errázuriz
partió de este mundo, por tanto, su muerte continúa provocando tensión,
disputa y relectura a partir de su pensamiento político. Tal vez,
estamos en presencia de un intelectual público al que le la muerte le
fue acontecida producto del rencor, odio y recelos de la oposición, esa
que pretendía cambiar la sociedad chilena a través de la cancelación
democrática, o sea, anular todo esfuerzo de libertad y construcción de
la modernidad en suelos nacionales. La figura de Jaime Guzmán instala 33
años después de su fallecimiento, una interpelación precisamente a esa
derecha nacional, esa que por estos días camina, pero no corre,
proclama, pero no convence.
Jaime
Guzmán Errázuriz nació en Santiago el 28 de junio de 1946. Entre 1951 y
1962 realizó sus estudios primarios en el Colegio Sagrados Corazones. A
los 16 años ingresó a la Escuela de Derecho de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, obteniendo en 1968 su grado de
Licenciado, con distinción máxima. En la actualidad, la Fundación Jaime
Guzmán, refiere parte de su biografía histórica, académica y política
con la siguiente narrativa: “En la universidad fundó el Movimiento
Gremial Universitario, corriente que en 1968 accede por primera vez a la
presidencia de la Federación de Estudiantes de la PUC. Desde 1968 y
hasta el día de su muerte, desempeñó funciones docentes en la Pontificia
Universidad Católica de Chile, como profesor de Teoría Política y
Derecho Constitucional. También destacó como redactor y columnista sobre
temas jurídicos, políticos, sociales y religiosos, en diversos diarios y
revistas nacionales de gran prestigio”. Sin duda, Guzmán entrelaza una
vida académica, pública y católica con fuertes perspectivas
conservadoras, por ende, hospeda una especie de liberalismo clásico como
el fin de cimentar las bases económicas, constitucionales y jurídicas
de un país que gime por un desarrollo general.
Recordemos
que Jaime Guzmán fue el fundador del partido político Unión Demócrata
Independiente (UDI), nicho que en el último tiempo necesita fortalecer
sus rudimentos si no quiere naufragar por el desierto, por tanto, nos
proponemos analizar algunas ideas del exfundador de la UDI y su
presidente respectivo entre los años 1983 y 1987. En primer lugar, sus
líneas de pensamiento son antimarxistas, tomistas, conservadoras y
tradicionalistas, algo que hace rato la derecha chilena no define
completamente, incluso, muchos han señalado que “debemos avanzar hacia
una socialdemocracia”, a mi juicio, un trágico error, dado que se
necesita honestidad con lo que se piensa para poder convencer, de lo
contrario, podría darse una nueva derrota en las urnas el 2025. En
segundo lugar, Guzmán utilizó los principios de economía de Hayek y
Novak, los que sirvieron de insumo para cimentar las bases de un mercado
y, por consecuencia, plasmar los elementos adyacentes en la
Constitución de 1980. Esta acción parece no importar a una cierta parte
de la derecha actual, ya que en diversos pasajes de los procesos
constituyentes precedentes un porcentaje no menor coqueteó con las ideas
de un cambio de constitución, claro, enarbolando la idea de igualdad,
emancipación y cambios radicales para el país, pero, todo académico
serio no izaría dicha bandera suscrita, ya que los cambios provienen de
las políticas públicas de un gobierno, no de registrar “ciertos
gustitos” en una carta constitucional. El historiador Iván Jaksic reseña
de Andrés Bello una declaración que sintoniza muy bien con las ideas de
Jaime Guzmán desde un punto de vista constitucional. “Las
Constituciones escritas tienen su causa, como todos los hechos. Esta
causa puede estar en el espíritu mismo de la sociedad; y la Constitución
será entonces la expresión, la encarnación de ese espíritu; y puede
estar en las ideas, en las pasiones, en los intereses de un partido, de
una fracción social; y entonces la Constitución escrita no representará
otra cosa que las ideas, las pasiones, los intereses de un cierto número
de hombres que han emprendido organizar el poder público según sus
propias inspiraciones” [Iván Jaksic, El debate fundacional: los orígenes
de la historiografía chilena, Santiago de Chile: Fondo de Cultura
Económica, 2021, pp.199]. Las constituciones deben ser racionales,
coherentes y viables, no un mero espacio para tatuar pseudoderechos que,
en la práctica, dicho sea de paso, son imposibles de hacer realidad.
Jaime
Guzmán tenía la idea de “subsidiaridad” que se manifiesta ya en la
encíclica Mater et Magistra (1961). El Estado subsidiario es la
propuesta principal para la construcción de un Estado con influencias.
La Constitución del 80 guardó esa base doctrinal que la distinguió de
cualquier otra carta fundamental anterior. Guzmán se convenció que una
forma de superar la pobreza es construir riqueza y permitir el acceso de
forma masiva a ese crecimiento económico. Y el medio para crecer es
indudablemente la libertad económica. La actual derecha parece
avergonzarse de creer en el mercado,
incluso, muchos aceptan que este es el culpable de los vicios que se
suscitan al interior de el, algo muy lejano de la realidad. El problema
está en la administración del mercado, en la corrupción y monopolio que a
momentos se visibiliza, por ende, no debemos de olvidar el fin último
de este en la economía y sociedad moderna, o sea, construir accesos,
mejorar la calidad de vida de las personas y desarrollar alternativas
frente a la oferta y demanda de los individuos. En síntesis, si una
parte de la derecha chilena continúa creyendo que con simples promesas
conquistará el corazón de esos que abdican sufragar en las urnas,
indudablemente adolece de ideas, esas que un día esbozó Jaime Guzmán
Errázuriz durante la segunda mitad del siglo XX chileno. Se necesita
tener valores de verdad, honestidad y legado, esos que el fundador de la
UDI con altos y bajos imaginó para Chile, claro, con vicisitudes,
quiebres y fisuras propias de un proceso político, recordemos que todo
es perfectible en el debate público.
Por
último, ¿Qué tan vivo está su pensamiento en la derecha chilena? ¿Fue
Jaime Guzmán un hombre de convicciones y errores, o un simple nostálgico
de la modernidad? ¿Cómo se posiciona la derecha chilena en el espacio
público actual, con grandes promesas y acuerdos, o con diálogos que
buscan hacer proselitismo hacia al ciudadano común? A 33 años de la
muerte de Jaime Guzmán, no podemos observarlo como un hombre perfecto y
digno de beatificar, sin embargo, tampoco podemos relegarlo de las bases
conceptuales que hasta el día de hoy continúan tensionado el mundo de
las ideas en el Chile del siglo XXI. Su figura instala cada año lectura,
tolerancia y libertad, categorías indispensables si se pretende entender su pensamiento político alejado de los sesgos ideológicos.