Don
Jaime Guzmán debe ser uno de los políticos más importantes de la
segunda mitad del siglo XX chileno, educado en el Colegio Sagrados
Corazones y en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de
Chile, su persona enmarca hoy por hoy un legado inconmensurable para la
deliberación pública, política y religiosa del presente tiempo, por
tanto, sus ideas siguen tensionando nuestra historia país y formas de
entender la sociedad moderna.
Jaime
Guzmán Errázuriz nació en Santiago el 28 de junio de 1946. Fue entre
1951 y 1962 que realizó sus estudios primarios en el Colegio Sagrados
Corazones. A los 16 años ingresó a la Escuela de Derecho de la
Pontificia Universidad Católica de Chile, obteniendo en 1968 su grado de
Licenciado, con distinción máxima. En la actualidad, la Fundación Jaime
Guzmán, refiere parte de su biografía histórica, académica y política
con la siguiente narrativa: “En la universidad fundó el Movimiento
Gremial Universitario, corriente que en 1968 accede por primera vez a la
presidencia de la Federación de Estudiantes de la PUC. Desde 1968 y
hasta el día de su muerte, desempeñó funciones docentes en la Pontificia
Universidad Católica de Chile, como profesor de Teoría Política y
Derecho Constitucional. También destacó como redactor y columnista sobre
temas jurídicos, políticos, sociales y religiosos, en diversos diarios y
revistas nacionales de gran prestigio”. Sin duda, Guzmán entrelaza una
vida académica, pública y católica con fuertes perspectivas
conservadoras, hospeda una especie de “liberalismo clásico” con fines de
cimentar las bases económicas, constitucionales y jurídicas de un país
que gemía por un desarrollo general y a la altura de las modernizaciones
visualizadas en el mundo.
Guzmán
fue un precursor de los valores católicos, esos que no ocultó en sus
charlas, clases, discursos e ideas a fines, por el contrario, se sentía
orgulloso de enarbolar una moral cristiana para pensar y sustentar la
política desarrollada en nuestra nación. Tal vez, uno de los textos que
resulta clave para entender los primeros pasos de Guzmán y la evolución
de sus convicciones encuentra lugar en Jaime Guzmán. Ideas y política
1946-1973. Volumen I. Corporativismo, gremialismo, anticomunismo del
autor José Manuel Castro (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario,
2016). Obra relevante si deseamos introducirnos a las categorías de
cosmovisión valórica, pensamiento e ideas del político en cuestión.
Ahora bien, para muchos la etapa de mayor incidencia y liderazgo versa
sobre su asesoría de gobierno posterior al 11 de septiembre de 1973,
junto con ello, su papel en la Comisión de Estudios de la Nueva
Constitución. Cabe señalar que, este tuvo un breve paso por Renovación
Nacional y estuvo principalmente en el debate y gestión política de la
UDI.
Fue
después del 11 de septiembre que Jaime Guzmán sería convocado a formar
parte del grupo que analizaría la nueva carta fundamental, precepto que
para algunos vendría a reflejar el respeto por sus ideas, aproximaciones
y ejecución de aspectos jurídicos. Tal vez, existen tres polos que para
Guzmán entrelazan el equilibrio institucional, ellos son: redacción de
una constitución, tiempo de transición y lo que más tarde se conocería
como democracia plena. No olvidemos que entre 1970 y 1973 desarrolló una
intensa actividad opositora contra el gobierno de la Unidad Popular, no
obstante, y pese aquello, el profesor Renato Cristi explora la figura
de Guzmán y expresa que estamos frente a uno de los políticos más
importantes de la historia política de Chile durante el siglo XX (El
pensamiento político de Jaime Guzmán. Una biografía intelectual,
Santiago, LOM, 201). Su rechazo hacia el comunismo, entre paréntesis,
también formó parte de sus lineamientos y bases conceptuales, ya que no
dudó en afirmar en diversas ocasiones que “lo peor del gobierno del
presidente Salvador Allende era esa pretensión comunista-marxista”.
Guzmán era un católico, un apasionado por las ideas, pero también un
ilustrado en materias de ideología, un lector, un académico, un
pensador, de ahí su excelsa habilidad para cercenar las pretensiones
comunistas que izaba la Unidad Popular y Salvador Allende
sistemáticamente en nuestro país.
Guzmán
utilizó los principios de economía de Hayek y Novak, los que sirvieron
de insumo para fundamentar y justificar las bases de un mercado y, por
ende, plasmar los elementos respectivos en la Constitución de 1980. Sin
duda, el Estado subsidiario es la propuesta fin para la construcción de
un Estado con influencias. La Constitución del 80 guardó esa base
doctrinal que la distinguió de cualquier otra carta fundamental
anterior. Jaime Guzmán se convenció que una forma de superar la pobreza
era construir riqueza y permitir el acceso de forma masiva a ese
crecimiento económico de forma horizontal, y, a su vez, el medio para
crecer significativamente era y continúa siendo la libertad económica.
Por último, a 78 años de su nacimiento ¿Sigue estando presente su legado
en la derecha chilena? ¿Fue Don Jaime Guzmán un individuo de aciertos y
errores, o un mero nostálgico de los itinerarios de la modernidad en
Chile? A 78 años de su natalicio, no podemos reducir su impacto,
incidencia e ideas a un segmento de la historia de Chile, por el
contrario, sus bases conceptuales continúan tensionado el mundo de las
ideas, deliberación y diálogo parlamentario en el Chile del siglo XXI,
por tanto, su figura erige sobre la base de la libertad, fe y
tolerancia, categorías que jamás fueron abdicadas pasando desde su
formación, vocación y servicio, tal vez, estamos frente al último gran
líder de la Unión Demócrata Independiente de la segunda mitad del siglo
XX en Chile.