Hace algunas semanas mi mamá marchó como todos los viernes con un lienzo hecho por ella misma que decía: Jóvenes Chile despertó gracias a ustedes. Y cuanta verdad hay en esas palabras. En cada generación los jóvenes han luchado sus batallas de acuerdo a sus circunstancias. Cada generación de jóvenes ha sido protagonista de nuestra historia, de su historia, de sus circunstancias. Jóvenes lucharon por las injusticias sociales de los 60 y llevaron a la UP al Gobierno. Jóvenes decidida y valientemente enfrentaron la dictadura militar en los 80. Jóvenes en este nuevo siglo han criticado y protestado contra el sistema una y otra vez (Mochilazo el 2001, Revolución Pingüina el 2006, la Revuelta el 2011) hasta alcanzar este estallido social.
A los jóvenes de esta generación hasta hace poco se les acusaba de individualistas, que son apáticos, que no les interesa ni en política ni la religión, que les falta compromiso, que no valoran la democracia, que tienen trastocados los valores, entre otras cosas. Después del estallido social el gobierno los ha etiquetado de terrorista, lumpen y, principalmente, de violentistas, pero para gran parte de la población son héroes y los que nos abrieron el camino a otro Chile posible. Lo que hay que comprender es que Chile es un país violento y los distintos tipos de violencias son una forma de relación social, que tiene múltiples expresiones, en la mayoría de ellas siendo jóvenes los afectados. Muchas de esas violencias han sido abusos e injusticias sociales, que ha ido acumulando descontento, y una rabia muy profunda en gran parte de la población. Comprenderlas es parte de la solución del momento actual.
En este contexto, el rol de los estudiantes ha sido revelarse contra el sistema al saltar el torniquete y llamar a copiar la acción. Para algunos una ingenuidad e infantilismo, para la gran mayoría un llamado a decir basta. Durante los 10 días lo siguieron haciendo hasta que lograron despertar a todo Chile el 18 de octubre. Chile se dio cuenta que no vivíamos en un oasis y estábamos lejos de ser los jaguares de Latinoamérica. Nos dimos cuentan que los jóvenes enarbolaban las banderas de lucha de todos, que luchaban por todos nosotros. Y Chile despertó.
A dos meses del conflicto los jóvenes nos dicen que no tienen nada que perder, que no tienen miedo, por tanto no se conformarán con migajas, con acuerdos rápidos y decorativos. No entender esto es seguir arrastrando el problema para adelante, es no entender que los jóvenes se juegan su futuro. Generación tras generación hemos escuchada la frase “los jóvenes son el futuro de Chile”, pero la verdad es que siempre han sido el presente y hoy nos reclaman ese protagonismo. Los jóvenes lo tienen más que claro: para cambiar el presente hay que cambiar el modelo y para cambiar el modelo hay que cambiar la Constitución. Cambiando su presente podrán ser protagonistas del futuro, de un Chile solidario, de un Chile igualitario, de un Chile justo.