Juan Canut de Bon en Chile

Para
muchos la figura del misionero inscrito en el siglo XIX nacional
resulta ser sinónimo de esfuerzo constante por difundir la fe
protestante y fundar Iglesias evangélicas en el Chile del siglo aludido.
Más aún, debido a su gran influencia se empezó a denominar a los
evangélicos chilenos como “canutos”. Tal vez, en un país donde el
fenómeno religioso ha mermado en militancia eclesiástica, incluso, donde
se ven reflejados en muchas ocasiones escándalos, interpelaciones y
reproches a lideres protestantes, suena interesante volver al pasado
para examinar el pensamiento de uno de los hombres más provocadores y
valientes que nuestro país haya visualizado, su nombre, Juan Canut de
Bon.

Primero,
el pastor Canut nació en Valencia, España, el 30 de Septiembre de 1846.
Era el menor de cinco hermanos. Recibió su confirmación en la iglesia
de Los Santos Juanes de Valencia y a los 9 años ya era alumno de la
escuela Pía de Valencia en la clase del Padre Luís, en el claustro del
convento. Se cree que los jesuitas le dieron a Canut de Bon el trabajo
de fabricar sastres para los sacerdotes en un taller del colegio de la
Compañía de Jesús en Tortosa, España. En 1870 fue enviado, junto a otros
miembros de la orden, a la “Misión Chileno-Paraguaya” que los jesuitas
españoles mantenían en los territorios de Chile, Argentina, Uruguay y
Paraguay. Por otra parte, transcurridos cinco años de su llegada a
Chile, se piensa que Canut de Bon tomó contacto con una Biblia de
aquellas que distribuía la Sociedad Bíblica fundada por David Trumbull y
cuyo colpostor era Manuel Ibáñez Guzmán, primer pastor chileno. El
Obispo de Santiago indignado por esta invasión ideológica a su
territorio emite una pastoral enviando estas Biblias al fuego, sin
embargo, alguien con temor a Dios no se atreve a conservarlas ni mucho
menos a destruirlas, por tanto, las deja abandonadas en una estación de
ferrocarril en la ciudad de Quillota siendo encontradas por Canut de
Bon. Le llama la atención el libro, en una época que los libros no
abundaban, lo toma, descubre lo que es, llega a San Felipe y toma
contacto con el pastor Robert Mc Lean, él y su hermano eran misioneros
presbiterianos. A este pastor le pide que le explique los contenidos de
esta Biblia, transformándose en un predicador presbiteriano.

Segundo,
en la actualidad acaba de salir al mercado un trabajo prometedor, una
investigación historiográfica que alberga esfuerzo, análisis y
dedicación, esa que intenta acercarnos a los orígenes de la tradición
protestante en nuestro país, una que el profesor Octavio Álvarez Campos
presenta de manera panorámica y atractiva a todo lector. Cabe señalar
que el escritor enunciado es Profesor de Estado en Historia y Geografía,
con bastantes años de experiencia en docencia y formación, a su vez,
con importantes cargos administrativos y de gestión en la región de
Coquimbo. Su pluma versa sobre la base de un esbozo abierto, dialogante y
en constante búsqueda, esa que plasma a fin de que el personaje acuñado
Canut de Bon pueda dialogar con las principales claves
políticas-religiosas del siglo XIX nacional, esas que nos sirven como
insumo para ver el desarrollo hasta hoy en día, incluso, a momentos
generando ciertas “preguntas” implícitas al protestantismo actual.
Álvarez Campos en su libro “Protestantismo y pastor Canut de Bon en
Chile”, año 2024, inscribe las siguientes líneas: “La gran diferencia
que marcó para el desarrollo de la fe, lo apreciamos en que no se quedó
solo en los templos y el ámbito privado, sino que salió a expandir la
lectura y enseñanzas bíblicas a las calles, más aún, que lo hacía en el
idioma español y, pese a todas las adversidades que tuvo que enfrentar,
fue generando vínculos con los pobladores comunes y corrientes. Supo
hacer llegar el mensaje a la comunidad, con ello, el ciudadano común,
fue interiorizándose de la palabra y a entender el libro sagrado gracias
a un guía, como lo fue el pastor Canut de Bon” (pp.84). Tal vez,
estamos en presencia de un trabajo que viene a rememorar el verdadero
sentir de los protestantes y sus lideres adyacentes durante el siglo
XIX, donde se construía poco a poco la República de Chile. Sin duda, el
trabajo y accionar de Canut de Bon nos hace pensar que la religión
cristiana evangélica necesita mirar al pasado, tomar conciencia de sus
raíces y del impacto que tuvo en la comunidad social chilena, no por
escándalos eclesiásticos, ni mucho menos por aprensiones económicas,
sino por un valor agregado hacia el espacio público, ese de
contribución, patrimonio y legado, categorías muy ausentes del
protestantismo evangélico en la actualidad, por consecuencia, mis más
sinceros deseos de honor y felicitaciones al nuevo trabajo investigativo
del profesor Octavio Álvarez Campos por introducirnos a temáticas con
impacto superlativo bajo el ojo histórico.

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