El
pasado sábado 20 de marzo, mientras Punta Arenas vivía su segundo día
en fase 3, desde Santiago nos entregaban la cifra más alta de contagios
desde el inicio de la pandemia, registrando 7.084 casos en las últimas
24 horas, al mismo tiempo que nos informaban que el número de vacunados
en Chile alcanzaba los 5 millones de personas, hecho que fue admirado en
gran parte del mundo. Muchas preguntas surgieron en base a esta
supuesta contradicción: ¿cómo es posible que con el 26% de la población
vacunada los números superen el peor escenario vivido en pandemia previa
a la vacunación? Para entender por qué con una campaña de vacunación
exitosa hay tan alto número de contagios no podemos observar un solo
parámetro, ya que esto puede ser multifactorial. El primer factor es la
segmentación de la vacunación; si bien el número de vacunados en un
tiempo corto es elevado, la población vacunada corresponde a personal de
salud, enfermos crónicos y adultos mayores, medida que es necesaria al
observar históricamente que son estos los segmentos más sensibles a la
infección con SARS-CoV-2, pero la población de adultos, jóvenes y niños
aún no ha tenido acceso a la vacuna, y es por este motivo que se observa
una disminución en las hospitalizaciones de adultos mayores y aumento
en adultos y jóvenes. Por otro lado, el pasado verano, con la creación
del permiso de vacaciones, se generó un éxodo masivo de personas intra e
interregiones, favoreciendo fuertemente la sobrepoblación de ciudades
que permanecían sobre fase 2, como la Quinta Región, ya que otras
regiones al estar en fase 1 no eran candidatas para el uso del permiso,
favoreciendo el contagio principalmente en zona norte y centro. Por
último, es importante considerar que aun cuando un gran número de
personas fueron inoculadas con la primera dosis de la vacuna, la
inmunidad comprobada aparece 2 semanas después de la segunda dosis;
debido a esto es que aún debemos esperar para ver los efectos de la
vacuna, ya que ambas dosis se distancian en un lapso de 1 mes, y no
relajar los cuidados establecidos para el combate contra el SARS-CoV-2
hasta alcanzar la inmunidad de rebaño. El término “inmunidad de rebaño”
se refiere a la protección de la población ante la infección debido a la
presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes; esta se
alcanza cuando el número de inmunizados alcanza aproximadamente el 70%
de la población. Considerando este antecedente, es de esperar que, de
seguir con el ritmo actual de vacunación, consigamos la inmunidad de
rebaño a mediados de año. Otro punto de preocupación son los niños
menores de 16 años, ya que no se ha comprobado científicamente la
seguridad de la vacunación bajo este rango etario. Sin embargo, a nivel
mundial se está adquiriendo la estrategia “capullo”, la que consiste en
vacunar al círculo cercano de niños sin acceso a vacunas; por ejemplo,
si un niño va al colegio, las educadoras(es) deben estar vacunadas, al
igual que sus padres, abuelos, tíos, y toda persona en contacto directo
con el menor, y lo mismo para cada niño que asista presencialmente al
colegio; de esta forma se crea un círculo de seguridad (capullo) para
evitar que niños sin vacuna contraigan la infección.
Estamos
viviendo los últimos meses de esta terrible pandemia, y vemos que
estamos en nuestro peor momento; es por esto que es de suma importancia
continuar con todas las medidas de protección ya mundialmente conocidas,
como lavado de manos, distanciamiento social, uso de mascarilla,
respetar cuarentenas y aforos para evitar que más personas contraigan la
infección, personas que pueden ser nuestros familiares o amigos. La
pandemia nos enseñó sobre solidaridad, ya que al respetar las normas no
solo nos cuidamos a nosotros mismos, también cuidamos a los demás.