La
semana pasada se inauguró en la costanera un circuito para practicar
carreras de autos radiocontrolados que, al estar en un espacio público
está abierto a todos quienes quieran llevar su autito a girar allí. El
alcalde Radonich destacó que se trata de una iniciativa de un grupo de
vecinos que contó con la autorización y apoyo del municipio por cuanto
proporciona un espacio de sano esparcimiento.
Entre
tanto circo y noticia escandalosa que nos regalan los medios, es bueno
destacar que todavía hay gente con alegría de vivir; que no se han
convertido en los tontos graves y huraños que pareciera ser la norma, y
mantienen el espíritu de niños atreviéndose a jugar, con esa mezcla de
ingenuidad y curiosidad que permite – en este caso – imaginarse siendo
grandes pilotos de autos de carreras y disfrutar de esa fantasía. Hace
bien para el espíritu tener una vía de escape a la realidad y olvidarse
por un momento de las preocupaciones, deudas, política, o lo que sea que
ocurra en el mundo “real”.
Que
falta que hace ser más ¡niños! No perder la capacidad de asombro y,
sobre todo la curiosidad que permite aprender, no de memoria repitiendo
como loros, sino a través de la experiencia, construyendo cada uno
nuestra realidad y forma de ver las cosas. Por eso es tan dañina la
televisión y formatos envasados, que inyectan una visión ya construida
impidiendo el desarrollo de un espíritu crítico, alienando a
generaciones enteras que terminan “comulgando con ruedas de carreta”
porque alguien lo dijo en la tele.
Y
así terminamos aceptando ridiculeces tales como andar con mascarilla al
aire libre o solos en el auto; o aceptando como razonables las
declaraciones del inefable ministro Paris recomendando usar mascarilla
hasta dentro de la casa; o agradeciendo que nos den permiso para ir a un
restaurante porque tenemos pase de movilidad.
No
nos olvidemos que el mundo no es tan grave o sombrío como nos lo
pintan, tenemos la libertad de pensar, ¡de jugar! y eso es lo que
debemos cuidar, da lo mismo si el juego es hacer carreras de autitos,
hacer algún deporte, tener un hobby, espacio para leer, tejer, etcétera.
Lo importante es que cuidemos la libertad que se manifiesta en esos
momentos en que somos genuinamente nosotros, no los que otros quieren
que seamos.