Justos por pecadores

El
título representa un refrán o dicho de uso común con al menos dos
fuentes: una asociada a lo religioso y su lección mundana, la otra desde
lo literario y asociada a la creación inmortal de Cervantes en un
episodio del Quijote. Ambas, coinciden en señalar una injusticia, en la
cual se confunden las partes con el todo, pagando justos por pecadores
sin individualizar las responsabilidades. Hoy, la justicia, ese
principio fundado en la razón se encuentra cuestionado y en una
encrucijada, hay más de una manzana podrida y la culpa no la tienen el
cajón ni el embalaje. Hay que separar a tiempo la manzana recta y justa
de las podridas (corruptas). Es urgente que la justicia opere sin más
lugares comunes (caiga quien caiga) e identifique prontamente a justos y
pecadores. La república requiere de un Poder Judicial robusto,
independiente y creíble. Cuando la justicia tarda, ya no es justa ni
ejemplar. Que no nos vuelvan a decir: “no lo vimos venir”.

La
caja de pandora digital está desatada, hay mensajes y filtraciones por
doquier que demuestran que las redes del poder han perdido todo pudor y
decoro. El mago Hermosilla tenía mil trucos y contactos, al parecer
mediante artimañas se volvió poderoso e intocable y sedujo a moros y
cristianos, de izquierda a derecha con su flauta de encantador y
defensor de causas mediáticas. Todo indica que la sensación de
corrupción no es menor ni antojadiza, nadie quiere aparecer vinculado al
leproso Hermosilla y algunos en el palacio sufren de amnesia selectiva.
El presidente Boric ha declarado y confirmado su juicio sobre el
“todopoderoso” Hermosilla, olvidando su posición, recato y mandato
constitucional. Es que nadie quiere aparecer vinculado ni perderse la
posibilidad de ser parte del pelotón de fusilamiento mediático, menos si
durante su trayectoria de dirigente estudiantil las funas fueron parte
de su capital político.

El
país presencia una moral distraída de manera transversal no sólo en la
fronda y en los pasillos del poder. Hermosilla es la punta del iceberg
de una sociedad que ya ha normalizado la trampa, “el pituto” y ciertos
mecenas de los sin méritos, esos que recurren a las redes familiares y
políticas para ascender social y económicamente. ¿Qué hay en el iceberg
nacional? A simple vista, más de un pecado capital circulando con
soberbia, avaricia y pereza en la elite y en otros rincones. Una elite
que perdió hace rato el bajo perfil y prefiere ostentar los lujos, su
acceso a lo suntuario y sus marcas de status. Es un grupo de interés que
se encuentra a la deriva en su propia descomposición. Más del algún
osado intelectual dirá que la culpa es del modelo, omitiendo el
sinnúmero de ejemplos en los cuales las elites se acomodan bajo el
socialismo o el capitalismo; otros irán más allá y culparán nuevamente a
la constitución mediante presión social.

Chile,
padece distintas crisis sociales e institucionales, con poderosos que
pululan por los pasillos del poder, clubes sociales y otros rincones con
desidia; una minoría que está por sobre todo y todos, un actuar que
abona el resentimiento que algunos quieren instalar a cualquier precio:
la existencia de una justicia para los pobres y otra para los ricos o
influyentes. Es de esperar que las autoridades investiguen y sancionen
oportuna y rotundamente; que se realicen todas las reformas y ajustes en
las normas corporativas y legales, sin salvatajes de nadie, ni siquiera
por razones de Estado ni pactos políticos. El cuerpo social no resiste
más injertos ni tratamientos paliativos. No puede mandar el más fuerte
ni el más influyente, ante la ley somos todos iguales. Lo llamativo es
que nadie marcha ni protesta por la corrupción, el tráfico de
influencias, el mal uso de recursos públicos en municipios, fundaciones
frenteamplistas y otras negligencias en distintos ámbitos del gobierno y
el parlamento. Por ahora, en la silla de los acusados se encuentran
Hermosilla y compañía. Esto recién comienza, los justos tienen que
encarcelar a los pecadores.

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