Juventud, divino tesoro

Es
propio de los años mozos que juzguemos con severidad a los mayores. La
sensación de pureza, de salvífica conducta impregna el alma y los
corazones juveniles. Es normal; es natural que en los años de juventud
nos miremos como impolutos, llenos de buenas intenciones y propósitos.
De ahí a la rebeldía hay un espacio muy breve; es como la consecuencia
lógica de sentirnos superiores en muchos ámbitos a las generaciones
anteriores. Quién podría apuntar con el dedo a los jóvenes que guían sus
conductas con la bonhomía de quienes se sienten llamados e incluso
escogidos para cambiar el mundo y redimirlo. Pues bien, la generación
que hoy gobierna nuestro país sigue el patrón recién descrito. Apuntaban
a diestra y siniestra a todo aquel sospechoso de corrupto; de haberse
hecho de una buena fortuna con su trabajo en el sector privado; a los
políticos reelectos periodo tras periodo. Los famosos treinta años desde
el retorno a la democracia les parecen vomitivos; tanto que se hicieron
de cargos políticos afeando el mejor periodo de nuestra historia
patria.

En
consonancia con lo anterior, un incidente que está en los anales de la
política y/o del populismo es lo dicho por el entonces Diputado Jackson
en un programa de televisión en vivo: é
l
donaba parte de su sueldo porque consideraba excesivo lo que recibía en
dicha calidad. Esa conducta avalaría su genuina vocación social. Al
poco andar se reveló que el Diputado “donaba” parte de sus ingresos a
una fundación con fines políticos para financiar tales actividades. No
existía ni existió tal donación cacareada en un plató de televisión en
vivo y en directo. Él era parte de esa generación joven colmada de
nobles sentimientos de justicia y solidaridad. Fue el mismo Jackson
convertido en Ministro de Estado el que nos regalaría otra perlita: su
generación dijo, era moralmente superior a todas las que les
antecedieron.

Hoy
sabemos lo que muchos sospechábamos antes: tal superioridad moral de
los jóvenes que hoy administran el país nunca fue tal. Erguidos desde
púlpitos laicos la generación que gobierna repartía sin pudor
credenciales de moralidad, de superioridad y de modernidad. También
sabemos hoy que son sólo ídolos con pies de barro. Verdaderos curas
Gatica, que predican, pero no practican. Y esto es una tragedia para el
país. La generación de recambio, la llamada a mejorar lo ya existente,
nos notifica brutalmente que no son distintos a las generaciones
anteriores. Que si están en política es para tener un buen pasar
económico a propósito de sus nobles y generosos corazones.

En lo mundano, crear fundaciones
para libar el dinero de todos los chilenos con la excusa de causas
nobles, es éticamente repudiable porque distrae recursos destinados a
gentes realmente necesitadas. Y cuando parecía que el asombro nos
colmaba, el Presidente de la República le dice al país que él sabía de
estos hechos antes que un medio de prensa local lo diera a conocer y se
produjera el segundo estallido delictual ¿Por qué entonces si el propio
Mandatario sabía de con anterioridad tales hechos no los denunció e hizo
efectiva las responsabilidades políticas correspondientes? Una de las
tantas preguntas que el tiempo deberá ir dilucidando por el bien de la
patria.

El
excelso poeta nicaragüense, Rubén Darío, escribió: “juventud divino
tesoro, ya te vas para no volver. Cuando quiero llorar no lloro. Y a
veces lloro sin querer”. Quizás deba llegar otra juventud a tomar los
destinos del país y la actual, que termine con prontitud su temeraria
aventura.

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