Juventudes y participación

Históricamente
los jóvenes han sido vistos como un grupo de riesgo que requiere de
asistencia y control, sin embargo, desde hace un tiempo se ha intentado
cambiar esa visión, a fin de que las diferentes actorías públicas,
privadas o vinculadas al mundo social, consideren a los jóvenes como
sujetos de derecho y como actores estratégicos de un desarrollo humano,
sostenible e inclusivo de la sociedad.

Sin
embargo, aún estamos lejos de la generación de espacios de
participación real y efectiva, porque aunque se enuncia mucho respecto
de la importancia de la participación de las juventudes, desde una
sociedad adultocentrista (donde aún persisten relaciones de poder
asimétricas en favor de los adultos en edad productiva, en desmedro de
la juventud y las personas mayores) se vuelve complejo generar espacios
concretos que promuevan y consideren la participación de las juventudes
en la toma de decisiones tanto a nivel individual como grupal.

En
este sentido se vuelve fundamental adoptar una perspectiva de
juventudes que promueva el empoderamiento y bienestar de las personas
jóvenes, a través de acciones públicas que promuevan la ampliación de
sus oportunidades y el ejercicio pleno de sus derechos y que permitan
deconstruir las relaciones de poder que limitan actualmente su
autonomía.

La
10ma Encuesta Nacional de Juventudes señala que en la región un 12% de
los jóvenes ha participado en espacios o procedimientos de participación
de alguna institución del Estado relacionada a políticas de juventud,
respecto a un 6% nacional. Aún cuando la cifra en términos generales es
baja, da luces de que los jóvenes en la región quieren participar,
quieren estar y habitar los diferentes espacios en los cu
ales
pueden incidir. Por lo que hoy es nuestro deber institucional romper
con obstáculos como la apatía, temores, falta de apoyo institucional y
la manipulación política, así como generar las condiciones estructurales
que faciliten a las juventudes ejercer su derecho y anhelo de
participación.

Los
jóvenes son quienes mejor conocen y saben lo que requieren las
juventudes y son quienes mejor convocan a sus pares. Los líderes
juveniles son actores reflexivos, autocríticos, vigorosos y persistentes
para resistir y desafiar las contingencias sociales y debemos darles el
espacio y reconocimiento para que puedan desarrollarse y desplegar
todos sus aportes. Si los acompañamos y nos permitimos escuchar sus
voces y darle los espacios, podemos asombrarnos con su inmensa capacidad
de desarrollar iniciativas maravillosas y altruistas que la mayoría de
las veces en base a compromiso y mucho
esfuerzo, buscan el bien común de sus pares y de la sociedad.

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