No
cabe ninguna duda de que los partidos tradicionales están es crisis, es
más, triunfos de diversas colectividades en materia de constituyentes,
municipales o de gobernaciones regionales, no debiesen generar que la
cabeza de esconda del agua, por el contrario, debe haber una revisión
profunda de la vigencia de los partidos políticos tal cual operan hasta
día de hoy; la ciudadanía ha sido clara en sus mensajes, su rechazo
hacia las colectividades es transversal, por lo tanto, las contiendas
electorales no pueden nublar ese análisis de fondo, que de seguro
requerirá de acciones innovadoras y revolucionarias.
Sin
embargo, y entendiendo que “las cirugías” que deben vivir los partidos
requieren de un timing distinto al electoral, es momento de analizar que
pasó en algunas contiendas.
Mientras
Claudio Orrego, por ejemplo, hablaba de programa, no ofendía y no
atacaba personalmente, otro sector del país, principalmente el liderado
por Karina Oliva en la Región Metropolitana, planteó la segunda vuelta
de gobernadores regionales como “la última estocada”, como “la batalla
final”, haciendo alusión incluso a que había que “matar” a ciertas
colectividades políticas (lenguaje de exterminio político que no se
escuchaba desde la dictadura militar), para dar paso a una “nueva forma”
de hacer las cosas. Sin embargo, perdieron.
¿Qué
enseñanzas deja?, (aparte de un país absolutamente centralista que
invisibilizó el resto de los balotajes), uno de los más certeros a mi
modo de ver en el pacto Apruebo Dignidad, fue el Diputado Boric, quien,
en ves de culpar a los ganadores, hizo una autocrítica de los vencidos,
claro está que cuando uno pierde una elección ese es el mejor remedio
para ir curando la enfermedad, revisarse, analizarse, tomarse las cosas
con humildad y volver a caminar con convicción.
Lo
mismo para los ganadores, humildad, gratitud y apertura, son variables
indispensables para el éxito político, reconociendo que hubo una mayoría
ciudadanía que no te quiso elegir, y que en el rol de autoridad se debe
hacer los esfuerzos por representar.
La
política da muchas vueltas, y lo único seguro de la siguiente elección,
es que no será la última elección. No hay derrotas eternas ni victorias
definitivas. Por eso es que el lenguaje es importante, no hay que
hablar ni de últimas estocadas, ni de batallas finales, ni de muertos en
políticas, porque la soberbia es mala consejera, porque la ciudadanía
es un universo mucho más amplio que los que piensan parecido a nosotros,
y porque la motivación en el servicio público no puede ser el
exterminio de tu adversario, sino que debe ser el triunfo de tus ideas
para una mejor gobernanza.
Que
los árboles no impidan ver el bosque, y que nos los triunfos
momentáneos no nos hagan esconder nuestras miserias. El análisis está en
ciernes, y las tareas futuras son enormemente desafiantes.