La calle principal

“Mainstreet”, la expresión americana con que se refiere  el cauce del  poder, el verdadero, que no corre por el lado que muchos creen ingenuamente en países como aquel y  el nuestro. Son los intereses de las grandes firmas de internet, los medios de prensa, el “establishment”. Todo cuanto  ha enfrentado a Trump en sus cuatro años de gobierno con una oposición cerrada de nivel mundial, que desde que asumió trato de derribarlo con acusaciones de intromisión extranjera, lo llevo al “impeachment” o juicio político, y cuyo corolario es el denunciado fraude electoral concretado el 3 de noviembre. Nada difícil de aceptar para quienes realmente conocemos la realidad e historia americanas, donde varios cambios de gobierno se han producido simplemente asesinando  el presidente en ejercicio, a veces sin lograrlo también. Frente al magnicidio el fraude aparece como un delito menor. Allí y acá, nada acontece por casualidad, las encuestas simplemente no funcionan, y por si tiene dudas, “googlee” “fraude en las elecciones americanas”. No encontrara nada, ni tampoco en los principales medios de prensa. Las fuerzas de la calle principal y  el Estado profundo  han silenciado el tema, y demostrado que  los medios  y las redes, determinan qué se muestra y que no, lo que se informa y lo que se desinforma… Porque a la gente común no se le informa, solo se le manipula. En USA y también en Chile.

Las batallas que se están librando en Estados Unidos, en torno a los temas electorales, y también las que se libran paralelamente en todo el mundo pero de lo que apenas se informa, o se oculta sencillamente, como la pandemia del Covid-19, pero en su realidad y no solo la parte sanitaria que se quiere mostrar, son demostrativas que no existe transparencia alguna entre lo que es y lo que se informa o muestra. Entre lo que se dice  y lo que se hace. Que la democracia es un concepto falso y formalista detrás del cual se desarrollan conspiraciones inconfesables, que se imponen hechos que después solo son refrendados por una mera apariencia democrática, ejemplo de lo cual fue el plebiscito constitucional del pasado 25 de Octubre, y, obviamente los hechos que lo generaron como el tal “estallido social” que de espontaneo no tuvo nada pero como tantos hechos y conceptos falsos, de repetirse mentiras miles de veces se transforman en verdades para la gente común. Pero no son ni nunca serán la verdad, y por ello ciertos poderes tratan de establecer leyes contra el “negacionismo” que en realidad aparte de ser ilegitimas y orwellianas, son innecesarias puesto que nuestras sociedades sufren una censura permanente a cada individuo que incluso en un país cada vez mas irrelevante como el nuestro, carcomido hasta sus cimientos, junto a la “cultura de la cancelación”, tornan cada vez mas inviable que personas se atrevan a disentir de la verdad oficial, de lo “que todos creen y piensan” sin saber ni entender simplemente porque han aprendido el miedo a disentir y ser criticado o peor, “cancelado”, bloqueado, silenciado, despedido, arruinado.

Es un hecho irredarguible que se establece sobre la Tierra una nueva forma de totalitarismo, de las conciencias, a través del miedo de miles de millones. El esquema del siglo XX se viene abajo, caen los gobiernos, la economía se arruina, nada trascendente parece valer; la incertidumbre se apodera de las mentes, millones confinados, arruinados, sin saber que viene ahora, sin esperanza ni menos sueños. Solo queda el subsistir a diario, como sea. Cada día tiene su afan,siempre ha sido así pero es menester cada persona lo redescubra. Y aprenda a enfrentar la incertidumbre. Sin trabajo, sin certezas, cada día menos libertad real, acaso sin país porque llega el globalismo y se trata que desaparezcan los estados nacionales como el nuestro, horadado por una inmigración inconveniente, y acaso consagrando en una nueva constitución el fin de nuestro país soberano. ¿Somos capaces de enfrentar tanto para  sobrevivir siendo Chile?

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