¿La casa de quién…?

Nos
dijeron que la Constitución que se redactaría, sería la casa de todos,
pudiéndonos sentir reflejados en ella e iniciar un nuevo Chile. La
novedad siempre atrae; lo nuevo encandila e instala en nuestro
pensamiento, cosas buenas. Escuchamos a muchos políticos repetirlo como
un mantra; como un rezo matutino; como un abracadabra. Incluso y he aquí
lo lamentable, políticos que se auto definen como de derechas, como si
descubrieran la fórmula del agua tibia, nos hablaron de la necesidad de
tener una casa común. Aún hablan de que las instituciones están agotadas
y que se pide a gritos cambios por medio de otra constitución,
convirtiéndose en iluminados capaces de desentrañar por sí y ante sí, el
sentir nacional. Su iluminación fue destruida en pocos meses y la
izquierda más radical, tomó control de la Convención Constitucional. La
derecha en votación, fue humillada, de manera que la tan anhelada casa
de todos, comenzó a ser sólo de algunos. Veamos.

Se
debe siempre recordar que la izquierda es mayoría absoluta en quienes
están redactando una Constitución distinta, y tienen la posibilidad, sin
necesitar de los votos de la derecha, de incorporar las normas que
estimen conveniente. Norma como por ejemplo, de ocurrencia de quienes
desconocen fatalmente cómo funciona el mundo, que establece que
cualquier actividad económica no puede afectar el medio ambiente. Parece
un buen propósito, pero prácticamente toda actividad económica afecta
el medio ambiente, tales como los vuelos de avión, el transitar de
vehículos motorizados, el tren eléctrico, las naves, etc. ¿Deberá una
eventual constitución prohibir esas actividades en pro del medio
ambiente? Si todos andamos a pie, quizás no afecte, pero no se podrían
construir caminos sobre el suelo terrestre. Quieren además, que Chile
denuncie, es decir, se salga de los tratados de libre comercio que no
respeten las normas chilenas, sea cual sea el tipo de norma, excepto
claro, los derechos humanos. Les bajó una especie de nacionalismo
socialista. Pretenden también una norma por la cual los inversionistas
extranjeros, para ellos unos esquilmadores, no puedan acudir a un
tribunal internacional de comercio en caso de conflicto entre ese
inversionista y Chile. Por ejemplo, si Chile expropiara inversión
extranjera, tales inversionistas no podrían demandar a Chile en el
tribunal que es competente. ¿Se imagina cuántos inversores extranjeros
querrán venir a nuestro país a elaborar sus productos y dar empleos?
Quieren suprimir como Derecho Constitucional la libertad de emprender,
actividad esta última que es de la esencia del ser humano. Lo vimos en
la pandemia, cuando mucha gente quedó cesante, comenzaron pequeños
emprendimientos económicos, y muchos sin lugar a dudas, experimentaron
lo dulce y agraz de la libertad económica, pero aún siguen adelante con
esa tarea. También quieren que el país tenga tantos sistemas de justicia
como pueblos originarios existan, de manera que a la identidad nacional
se le asestará un golpe de gracia, pues con tribunales distintos según
el tipo de etnia, no habrá un solo país. Es de imaginar que las colonias
alemana, italiana, española y las demás, podrán reclamar un tipo de
justicia distinto por ser de una etnia distinta a la chilena. Por lo
demás, tampoco podríamos saber cuándo un chileno es chileno y sin sangre
de un pueblo distinto ¡busque usted a un chileno entonces… como puede
apreciar con estos escasos, pero ilustrativos ejemplos, que la casa que
se construye, se está levantando sólo para algunos.

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