La ciencia es un imaginativo invento humano

La Ciencia aparece hoy como una palabra mágica que podría contener las soluciones para todos los formidables problemas por los que atraviesa la sociedad que conformamos, local o globalmente. Es probable que sea el reemplazo más justo y perfecto para poder ofrecer determinadas respuestas a los innumerables problemas que enfrentamos en la actualidad y que se pueden trazar hasta prácticamente los orígenes del invento, también humano, de vivir en sociedad, aglomerados y divididos. Y se trata no sólo de problemas que hablan de contingencia, como la crisis ambiental (climática, social, energética, económica, poblacional), sino que también de aquellos que ponen a la imaginación y a la creatividad en un plano superlativo (origen y destino del universo, origen y destino de la vida y su diversidad, evolución del hombre y de toda la vida en el planeta, poblamiento y distribución de pueblos originarios, tectónica de placas, entre muchos otros). La Ciencia aparece como buen invento cuando las certezas, aunque hayan sido pocas, del hombre comenzaron a disminuir o a perder relevancia y las soluciones mágicas y divinas ofrecidas ya no fueron suficientes para romper los maleficios y trastocar los destinos de las personas y de los pueblos. Romper esa barrera significó incluso la pérdida de vida y la persecución y denostación de científicos notables en la historia completa de la humanidad. Recordamos a figuras como G. Bruno, L. Vanini, G. Galilei, P. D’Abano, N. Copérnico, Ch. Darwin, entre muchos otros. Después de tres siglos de avances fundamentales en el conocimiento de la física, química, matemática y biología, la Ciencia está en una fase de alta valoración por parte de la ciudadanía. Cuando a alguna afirmación, razonamiento o investigación se le da el calificativo de “científico”, adquiere de inmediato algún tipo de mérito o una clase especial de fiabilidad, pese a que solo podría haber disminuido, en algún grado, la incertidumbre sobre un determinado problema. Disminuir la incertidumbre y aumentar la probabilidad de predicción son, para nuestros tiempos y para nuestra dirigencia, aspectos centrales para seguir dándole a la Ciencia un valor siempre relativo. Y si viene acompañada de Innovación cuanto mejor, como si todo lo que ocurriese en nuestro entorno, en nuestro planeta y en el Universo tiene, obligadamente, que obedecer a determinadas proyecciones utilitarias del conocimiento. Pero hay otras razones que validan la importancia de la Ciencia y es su oposición a lo dogmático y a lo revelado dándole una extraordinaria validez a la maravillosa aventura humana por la búsqueda de la verdad sin importar la funcionalidad de ella. Bajo esta perspectiva, la ciencia genera el conocimiento real que permite enfrentar la oscuridad intelectual, la ignorancia, la superstición, la esclavitud de la razón y el desconocimiento de la verdad. Lo específico de la Ciencia y del conocimiento que genera, es que se deriva de hechos en vez de basarse en Opiniones Personales o en la imaginación especulativa. Probablemente, en esto último radica la validez de la ciencia, como fenómeno netamente humano, y que nos da la posibilidad cierta de mirar el futuro con la clásica idea de que “sólo sabemos que nada sabemos” y, por tanto, queda aún mucho por develar.

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