En
un mes de cuarentena, Punta Arenas no fue capaz de hacer bajar del
primer lugar en tasa de contagios a nivel país a la Región de
Magallanes. Hemos escrito hasta el cansancio el tema de las
irresponsabilidades y de las comparaciones que se hicieron -todas con
cifras en mano- que algunos consideraban que nos ridiculizaban, pero que
nos hacían ver la realidad. Eso es lo que está pasando, lo que ocurre
que son muchos los que no se convencen y que día a día incrementan la
cifra de permisos para realizar trámites. Por eso la medida aprobada por
el Concejo Municipal sobre el uso obligatorio de las mascarillas suma
más que resta. Porque de los más de 10 mil puntarenenses que salen a
diario a hacer compras -en supermercado se ha visto hasta tres personas
por carro- muchos son asintomáticos y andan contagiando tanto como los
mismos pacientes que yacen enfermos en el Hospital Clínico de
Magallanes. Ojalá el control en la vía pública para exigir el uso de las
mascarillas sea eficiente, que sea estricto y que definitivamente se
multe a las personas. Porque muchos no saben que salir a la vía pública
hoy con el poder de contagiar, sin siquiera saberlo, es como andar con
un revólver o jugar a la ruleta rusa. Estamos en condiciones especiales,
en un estado de catástrofe. Punta Arenas está en cuarentena y después
de las 22.00 horas el país entero en un régimen de toque de queda.
Muchos pareciera importarles poco, por eso el control se debe
intensificar. Desde el resto del país nos ven con preocupación. Junto a
Temuco y Osorno vamos a ser las únicas capitales regionales que
permaneceremos un mes en confinamiento.