La confianza se construye

Es cierto, la confianza no es transable, no se compra, no se vende, no se comercia, no se da; se construye, se edifica, se consigue. Decíamos antes que la confianza está en crisis, franca crisis. Si se afirmara que uno de diez cree en el otro, es un dato casi cierto; los demás, los otros nueve se apartan, desconfían, sospechan, dudan, vacilan, conjeturan, se relacionan, pero en el descrédito. 

La luz, la luz del día es un buen medio para transparentar, para hacer evidente, claro, lo que queremos comunicar. Es necesario, es urgente mostrar confianza, demostrarla, hacerla evidente, ser confiable. Irradiar confianza es imprescindible para iniciar un camino que, en su retorno, también irradie confianza. Así, uno más uno puede ya sumar dos, y quizás, tres; es decir, que la confianza adquiera un valor agregado como resultado.

Ir, es preciso ir, ir de frente, quizás. Es preciso voluntad, querer, no experimentar mandato, obligación o deber. Conceder crédito, ser creíble, confiable es lo mínimo. ¿Cómo hacerlo? El arranque es ser verosímil, veraz, positivo, sano, limpio, verdadero,… ¿Difícil? Ni tanto, proponérselo, ya es buen comienzo, y luego lo propuesto debe ser posible, factible, probable, y allegar a ello certezas, evidencias, certidumbres, verdades.

Conocer, y conocerse. Es necesario este paso, absolutamente. Los que intercambian ideas deben conocer el qué, coincidir acerca de lo que se habla, cerciorarse de que se están refiriendo a lo mismo, y conocerse. Y antes, es primordial saber quién son los interlocutores, quién es uno y quién es otro, conocerse, respetarse, y saber bastante más qué bandera levantan o representan, y si las hubiera, que ello no sea óbice para encontrarse y dialogar, así se valida el qué, así se concuerda, así se logra consenso, adhesión, conformidad.

Y luego, es necesario otear el horizonte, no solo el mañana, la próxima semana, la próxima reunión, la próxima elección; la mirada debe ser a mediano o quizás largo plazo, probablemente una generación más. La atención, la preocupación debe trascender, por ejemplo, ciclos legislativos o parlamentarios. Y no solo fijar la atención del entorno cercano; es de ganador, tal vez, mirar cómo solucionan los problemas los vecinos, si es que los han solucionado, pues sus problemas son semejantes a los nuestros, no iguales, pero parecidos. 

Si lográramos consensos mínimos, ello es buen inicio de generación de confianza, de edificación de confianzas. Ya imagino cuánto alivio significa esa construcción de confianza.

¿Saben? Desde hace unos tres años leo y leo los textos de constituciones de algunos países americanos, también no hace poco leí, y tengo a mano, un estudio comparativo de las constituciones de veintiún países americanos, y busqué, he buscado en ellos, expresiones como confianza, y les confieso casi no está, me sobraron dedos de una mano, ese fue el resultado. ¿Es muy loco, muy distraído este interés? Una propuesta de constitución es un texto magno, grande, el mayor, el que, a mi juicio, debe contener al menos en sus prolegómenos expresiones igualmente altas, mayores, grandes, magnas, plenas de significado, que iluminen el articulado o detalle ulterior.

Así, también, la confianza se construye, se edifica, se cimenta, se consigue y abona, fortalece cualquier paso en prosecución de objetivos comunes.

¡Construyamos confianza! ¿Qué insumos, qué ingredientes necesitamos? Esperanza, fe y amor. 

¡Construyamos confianza!, si no pa’qué.

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