La
Constitución tiene como finalidad primordial establecer la ley
fundamental de un Estado, que defina las instituciones, el régimen de
derechos y libertades de los ciudadanos, más aún ordenar y delimitar los
poderes e instituciones de una organización política. La constitución,
por lo tanto, no busca establecer la anarquía y este es un advenimiento
que entrevemos que muchos constituyentes no manejan a la perfección.
Estos quieren crear instituciones sin conocer bien el cómo
estructurarlas, que en efecto práctico solo saben lo que no quieren que
sean. Aunque tampoco saben cómo crear algo nuevo o distinto para
reemplazar lo que no les gusta, y evidentemente esto genera problemas.
Los
constituyentes podrán señalar no me gusta tal o cual institución y, por
el contrario, deberán subrogarla por otra, es decir, apoyarse en un
principio básico, en una idea general de la institución u órgano por la
cual quiere reemplazarla o llevarla a cabo. Puesto que debe reemplazar
un principio por otro, no puede dejarlo insubstancial, sin algo que lo
substituya,
Como
caso típico, no nos gusta el TC (tribunal constitucional) ya que lo ven
como un tercera Cámara parlamentaria. Está bien que se discuta su
existencia y atribuciones, pero es el órgano que tiene que elaborar el
control de la constitucionalidad de las leyes interpretativas de la
república. Entonces, su eliminación significa que las normas de ahora en
adelante quedaran sin control constitucional.
Por
otra parte, se debe crear el órgano constitucional que reemplace al TC,
porque no se puede dejar de ejercer control sobre la
constitucionalidad. Obviamente, alguien debe fiscalizar las leyes que
serán materializadas y que no se pueden ir en contra del espíritu de
ellas mismas y por ende de la constitución.
Una
Constitución tiene que tener mecanismos de reforma y de control de
constitucionalidad con la finalidad de que no haya normas que sean
contradictorias con la misma ordenanza y con otros tipos de principios
sociales integrativos que se quieran intervenir. Si se quiere reemplazar
lo que subsiste estas deben tener una lógica jurídica y deben ser mucho
más suprema o más coherente de las que hay. No podemos permitirnos
reemplazar un artículo porque no nos gustó y luego dejar un vacío legal,
puesto que una constitución técnicamente no admite esos vacíos legales.
Además, que el derecho no admite esos insustanciales.
Esto
acaba resultando con el juicio que enfrenta actualmente la
Constituyente, que la tarea quede inconclusa y que se les deja la faena a
los mismos parlamentarios. Si su lógica es dejar al congreso la
solución de estos vacíos legales, por qué entonces la ciudadanía no optó
por una constituyente mixta (partes iguales entre miembros del actual
Congreso y otros electos por la ciudadanía), sin duda se hubiera evitado
esta sensación anárquica que estamos viviendo. Lo cierto es que no se
pretendió esta opción de participación, producto de la desconfianza
hacia los políticos y de no ver con buenos ojos la participación de
parlamentarios en esta opción mixta planteada.
De
todos modos, debemos terminar con esta anarquía en el proceso de
escritura de nuestro reglamento, dejar la exclusión de instituciones y
los espacios vacíos sin alternativas de reemplazo. No hay desacuerdos
con que se cambie una u otra institución, pero sí que se tengan
alternativas viables, bien definidas. Porque si queremos hacer un cambio
constitucional tenemos que tener claro que esta constitución será hecha
para que se respete, y por ello debe hacerse bien.
No
obstante, por el camino que lleva, la constitución es una señora para
ser violada, según diría Portales, y las reformas tras su salida, de
ganar el apruebo, serán un hecho. Eso ha sido lo que ha representado la
política de nuestro país en los últimos años, décadas y yo creo en
nuestros ciclos de historia.