Cuando terminen los festejos de fiestas patrias, el país entrará en la recta final para el plebiscito de diciembre próximo. Pareciera que a poca gente le importa, pero en la medida que se acerque la fecha de entrega del proyecto de nueva Constitución, irá creciendo el interés por el proceso. Referirse a la forma en la que partió este proceso ya no tiene mucho sentido, aunque de tarde en tarde conviene recordarlo. Lo que sí no nos debemos olvidar son las palabras del Presidente Boric que con tono serio y como queriendo dejar sus palabras grabadas en mármol, señalo que “cualquier Constitución es mejor que la hecha por cuatro Generales”. Con ello se quiso referir que sea cual fuera el texto de una nueva Constitución siempre será mejor que la plebiscitada en 1980.
Será hora entonces de recordarles al propio Presidente y a sus partidarios que el proyecto de Constitución que se plebiscitará el 17 de diciembre próximo, es mejor que la actual, en palabras suyas. Por de pronto el fallido proyecto de la Convención Constitucional, el pueblo no lo consideró mejor que la actual Constitución. Entonces ¿será que ahora sí le parecerá el nuevo proyecto mejor que la actual Carta Magna? ¿Será que el país sí se decidirá por nuevas normas fundamentales? ¿O se preferirá la Constitución actual, que el Presidente Boric motejó como la de los cuatro Generales?
Al día de hoy por el desinterés de la ciudadanía, no es posible decir con certeza que existe una inclinación por una opción u otra. En todo caso llama la atención el silencio del Presidente y del Gobierno todo respecto de su opción para diciembre. ¿Seguirá insistiendo y pensando que cualquier constitución es mejor que la hecha por cuatro generales? Ya es costumbre los cambios de opinión del Presidente que ha pasado ser la norma. Lo que hoy es blanco será mañana negro. Si ayer estuvo por el Apruebo de una nueva Constitución, es altamente probable que mañana vote “en contra” del nuevo proyecto. Y todo ello sin importarle que para él cualquier constitución será mejor que la actual, como hasta hace un año atrás notificó al país. Es cierto que la contradicción y los cambios esenciales de opinión forman parte de la quintaesencia de la política, pero el abuso de esta práctica es nocivo para la credibilidad de la actividad política.
Por otro lado, sigue en duda si las normas contenidas en el proyecto que actualmente está redactando el Consejo Constitucional son mejores que los normas de la Constitución vigente. La discusión está entrabada y los desacuerdos están a la orden del día. Es evidente que a los partidos de gobierno se les hace muy difícil aceptar un proyecto ideado por el Partido Republicano y Chile Vamos. Es inasumible para aquellos. Sin embargo, a diferencia del proceso anterior, hoy se está trabajando sobre un texto redactado y aprobado por la Comisión Experta, en donde la izquierda fue mayoría. Entonces no hay excusa política para negarle la sal y al agua al Consejo Constitucional. Este órgano recibió un proyecto constitucional ya redactado, pero con la condición expresa y legal que sería el pueblo por medio de consejeros electos, los que darían le forma final y con legitimidad democrática.
Hay razonables dudas que el proyecto en curso sea aprobado por la ciudadanía. Tanto a diestra como a siniestra existe desconfianza. Para la izquierda aprobar una constitución emanada principalmente de la derecha, sería sencillamente una afrenta. Para parte de la derecha y he aquí el gran desafío del Partido Republicano, será preferible quedarse con la actual constitución.