El
día martes 28 de junio y tras un año de trabajo en la creación de la
propuesta de la nueva constitución, la convención constituyente terminó
en polémica con la mesa directiva por no dar conocer el preámbulo de los
informes finales, con todos los cambios incorporados luego de la sesión
de la comisión de armonización, contradiciendo el principio y normativa
que se encuentra en el reglamento de la convención con respecto a “la
transparencia”. Muchos querían conocer la versión definitiva antes de
que se entregara al Presidente y a la ciudadanía por si había que hacer
alguna observación, aunque al final, la directiva explica que se tuvo
que cambiar por el principio de coherencia para mantenerlo congruente
con lo que se había hecho.
En
otras palabras, una vez más la convención constitucional actúa de
manera caprichosa, demostrando que hubo una mayoría legítima que quiso
imponer su quórum y que no quiso escuchar a las distintas minorías
existentes en la convención. A la sazón, la Convención Constitucional
termina como principió, con escándalos.
Más
aún, se dieron diversos episodios connotados, de mentiras, de un
diagnóstico médico de uno de sus constituyentes, de integrantes
imponiendo su pensamiento de mayoría sin tomar en cuenta la minoría. En
contraste con la Comisión Ortúzar, esta propuesta constitucional es más
democrática, la elegimos nosotros, aunque no necesariamente
seleccionados con un criterio jurídicamente representativo.
Existieron
representaciones específicas, grupos de presión o nichos políticos que
consiguieron esta cuota de influencia para gravitar en la redacción. Sin
embargo, el peso se vio marcado por la sobre representación de muchos
grupos; mientras los otros, totalmente sub representados. Y esto se
traduce en las decisiones y en los temas que concernieron.
En
particular, el último gesto de esta convención, con la directiva sin
querer compartir la versión definitiva entregada al presidente Boric
para su prelectura al pleno, indica como dominó la opinión de la
directiva que omitió los acuerdos para cambiar un artículo relacionado a
pueblos y naciones preexistentes al Estado por “pueblos y naciones
indígenas“. Propuestas que ya se habían acordado no cambiar, tan solo
mejorar redacción, gramática y lingüística.
Con
todo, muchos constituyentes tanto de derecha y otros sectores
reclamaron por este cambio arbitrario, molestos por una nueva actitud
déspota. Este ha sido el comportamiento de la constituyente desde los
inicios. Al parecer, en su mayoría los integrantes no pensaron en
Chile, tan solo pensaron en sus parcelas particulares y a quienes
representaban. En ningún momento se pensó en el acuerdo jurídico global,
jamás se pensó que este era un pacto político y jurídico. Evidentemente
estas actitudes sesgan la conclusión de la misma, aunque haya muchas
cosas positivas en el resultado final.