Un efecto de grandes proporciones se ha producido en Chile durante los últimos nueve meses. La propagación del Coronavirus, así como las drásticas medidas tomadas por los gobiernos y otras instituciones para contener su expansión, ha generado graves problemas económicos para toda la población. Hemos sufrido una modificación sustancial de nuestro funcionamiento y en Magallanes lo hemos sentido fuertemente. No sabemos qué va a pasar con las clases presenciales para el próximo año. Recordemos que ello se detuvo el 16 de marzo de este año. La estrategia ante el virus ha variado en el tiempo, conforme a los aprendizajes de otros países, así como la amenaza de una propagación intensa que en cualquier momento pudiera volver con rebrotes como el que nos ha mantenido afligidos en Magallanes en los últimos tres meses. En ese contexto, la decisión de paralización de actividades fue controvertida, pero se espera puede contener las repercusiones sobre la salud de la población. Magallanes ha sufrido su peor contracción económica y entramos en una recesión económica que será grave para la zona más austral del país durante los próximos años. El mayor impacto macroeconómico de situaciones como esta se encuentra íntimamente ligada con la falta de liquidez de las empresas, las cuales sin capacidad de generar ingresos por varios meses, se ven seriamente debilidades en su capacidad de pago de deudas, así como en la retención de sus trabajadores. Aunque el shock debería ser eminentemente transitorio, su profundidad en parte determinada precisamente por la decisión de paralizar actividades para evitar la propagación del virus amenaza seriamente la viabilidad económica de muchas empresas en sectores clave relacionados con los servicios. Con ello, el efecto sobre la actividad en su conjunto y sobre el empleo puede ser de importante magnitud.