Desde octubre 2019 a la
fecha lo cierto es que nadie se explica que ha pasado, y sigue pasando,
con Chile. Otrora nación ejemplar, estable, segura, confiable de un
tiempo a esta parte es todo lo contrario: aumento en la sensación de
inseguridad, crisis del sistema político, desconfianzas, incertezas y un
sinnúmero de cuestiones que refieren a la ex “copia feliz del edén”.
Porque
una cosa es lo que nuestro himno nacional diga y otra muy distinta es
que lo verdaderamente hoy somos como nación: un espejismo de lo que
alguna vez fuimos, sin rumbo, sin norte y con horizontes más bien
tendientes al “rojo amanecer” que al “cielo azulado”.
Lo
llamativo de este fenómeno es que no todos lo perciben. No todos están
conscientes, sino más bien en una especie de piloto automático subjetivo
donde se normaliza y justifica aquello que nunca fue normal, ni menos
justificable. Todo es bajar el perfil, casi con resignación, y sin mayor
ánimo de revertir este espiral que no nos llevará a nada bueno.
Lo
curioso es que el mundo, siempre observante todos de todos, no entiende
un carajo que pasó con Chile, cuando se jodió aquella nación próspera,
fecunda, seria. Y quienes aún habitamos esta larga y angosta faja de
tierra mucho menos entendemos lo que ha venido ocurriendo. Porque esto
va más allá de las teorías conspirativas varias, las ideologías y
colores políticos. Mientras hay quienes intentan encontrar respuesta al
cuando se empezó a joder el país hay otros que, aseguran, Chile venía
jodido hace bastante rato. Nadie hizo nada y a todos les importo un
rábano.
Y como
acción tiene consecuencias éstas, recién ahora, las estamos comenzando a
vivir. Muy probablemente desde septiembre se comience a reescribir la
historia de nuestra nación y lo que alguna vez fue. Atrás quedaran esos
días donde se hablaba y alababa el denominado “milagro económico”
chilenos, uno sustentado en falacias donde las únicas realidades es que
mientras hubo algunos que se hicieron muy ricos otros se hicieron muy
pobres. Uno donde se forjaron las brechas de desigualdad y distribución
de la riqueza más brutales y, para variar, todos eran conscientes, pero
nadie hizo nada, porque mientras nadie reclamara se podía seguir
abusando.
Pues
ahora estamos ad portas de darle la bienvenida a otros tipos de
abusadores, cuyas ideas de sociedad se construyen, por ejemplo, desde la
pobreza entendiendo que es mucho más sustentable que la riqueza. Donde
si bien algo observamos y escuchamos de realidades tales como Cuba,
Venezuela, Bolivia, Argentina y más recientemente Perú no aprendimos
nada, fuimos indolentes y no hay nada más que hacer.
¿Qué
es lo que más frustra de todo esto? Que efectivamente tuvimos las
llaves de ingreso al edén, a ser una nación próspera, justa y
equitativa. En cambio, y porque Chile se hace desde sus habitantes,
éstos en su mayoría optaron por seguir, sin explicación ni comprensión
alguna, el largo y tortuoso camino al infierno dejando en las sombras,
en la oscuridad, aquella nación en la que alguna vez brilló el sol.