La Cormupa se sube por el chorro

Luego
de informarnos que el déficit de la Cormupa era responsabilidad
exclusiva de las administraciones anteriores, cambiamos a las
explicaciones de los problemas estructurales, y finalmente la subida por
el chorro corresponde al nuevo jefe de educación que atribuye perdidas
por M$ 1.200.000 a la baja asistencia de los alumnos como consecuencia
de su adhesión a las movilizaciones sociales del mes de octubre. Sin
embargo, al paro de actividades docentes de dos meses sólo le atribuyó
pérdidas por M
$
320. Lo concreto es que no se han presentado evidencias verificable del
déficit, y de cuáles serán los criterios para el ajuste de dotación que
debió realizarse al 15 de noviembre.

Aprovechar
el estallido social para justificar déficit, y la necesidad de un
ajuste en la planilla, es subirse por el chorro, aprovecharse de una
situación excepcional para obtener un provecho menor.

La
sublevación ciudadana en lo concerniente a la educación pública,
requiere de un pacto social que permita resolv er principalmente el
financiamiento, el término de la subvención y garantizar recursos
regulares a través de la ley de presupuesto, caso contrario, un simple
incremento a la subvención no resuelve nada, como no lo ha hecho en los
últimos decenios, máxime si se ha transformado en una forma de
financiamiento afectado, al cual se cargan todos los beneficios
concedidos a los diversos grupos de presión. Esto ha significado un
incremento geométrico del aporte de los municipios al gasto público en
educación. Por cierto, esto no excusa la ligereza con que los alcaldes
de diverso signo se desentendieron de sus obligaciones como
administradores y jugaron a ser, cada uno en su feudo, pequeños
ministros de educación, con ínfulas y aspiraciones para resolver las
grandes inequidades de la educación pública, cuando su rol era
-administrar- y hacer que el Estado de Chile, asuma su responsabilidad
por el abandono que hizo de su obligación de proporcionar los medios
necesarios para satisfacer tan importante necesidad pública.

La
educación municipal, que en realidad no es pública, sino que privada,
porque es administrada por una corporación de derecho privado que no
integra la Administración del Estado, sólo tuvo la pretensión de ser la
educación de todos y al servicio de todos, pero en realidad se
transformó en un sistema viciado que sólo permite el desarrollo de los
talentos que estudiarían y lucirían en cualquier contexto, protestas más
o protestas menos, lo cierto es que ya antes de las movilizaciones
sociales de octubre sus indicadores iban a la baja y permanecerán en un
declive imparable si el Estado no interviene con mano firme, no sólo en
el financiamiento, sino que restableciendo el clima propicio que
posibilite los aprendizajes, si la paz social no se instala primero en
las escuelas y liceos no habrá financiamiento que resulte suficiente,
porque el profesor no ha sido contratado como guardia privado o
gendarme, si un país no es capaz siquiera de garantizar el orden en el
aula no tenemos ninguna posibilidad que éste se instale en las calles,
avenidas o espacios públicos.

Los
paros como práctica mecánica, internalizada, han significado no sólo
pérdida de recursos, que en parte pudieron haberse absorbido mediante
los descuentos por los días no trabajados, sino que lo más importante,
han impactado directamente en los rendimientos, pues resulta
indesmentible que menos de doscientos horas lectivas por año hacen una
diferencia que determina a los padres a buscar otras opciones, máxime si
ni siquiera se tiene la capacidad de hacer cumplir las pruebas
estandarizas como el Simce, y una exigencia legal se transforma en
materia de negociación y cuestionamiento a la autoridad que debe
hacerlas cumplir.

Subirse
por el chorro en nada contribuye, en realidad los esfuerzos debieron
focalizarse en evitar las barricadas al interior del Liceo Juan Bautista
Contardi, asumir el conflicto con políticas eficientes de convivencia
escolar, adoptar las medidas administrativas conducentes a empoderar a
los directores, docentes directivos y asistentes de la educación, para
que impere, inclusive en estas circunstancias, una disciplina pedagógica
que explique y posibilite una adecuada comprensión de los procesos
sociales.

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