La migración a nivel mundial se ha tornado en una problemática. A veces, en Magallanes y Antártica Chilena nos olvidamos de que vivimos en una región de migrantes y hablar de este tema genera un continuo debate, especialmente por lo que ha ocurrido en los últimos años. Pero el explosivo aumento de la migración ha obligado a generar nuevas políticas públicas y a un desembolso mayor en cada una de las naciones que ha crecido exponencialmente a raíz de este fenómeno.
En Magallanes aún no percibimos una alza sostenida de habitantes, pero no podemos aventurar de que esta problemática no nos va a afectar en un futuro cercano. Sin duda que la pandemia agravó esta problemática a nivel país, porque son miles los que quedan a la deriva lejos de su tierra natal. Desde hace años que se ha manifestado que Chile necesita una nueva ley de migraciones, que sea moderna y flexible, para así poder dar respuesta a una realidad dinámica.
Una legislación que no solo entregue un marco adecuado para la recepción y entrada de migrantes, sino que sobre todo considere su incorporación a nuestro país. En este contexto ha sido una valiosa experiencia el esfuerzo de diversos sectores por aportar evidencia al debate y cómo se ha involucrado la academia y la sociedad civil en la discusión.
Hay que tener conciencia de que la integración social de la población migrante no solo se dará por la ley, sino que también como consecuencia de nuestras políticas, prácticas y discursos. ¿La nueva Constitución tendrá incluida alguna regulación al respecto en cuanto a la migración? C
erca del 8% de la población es migrante y cerca del 10% de los niños y niñas chilenas tienen un padre o madre migrante. Nuestra convivencia debe ser la adecuada, pero también es necesario que se revise la integración absoluta que nos lleve a una convivencia que podría ser de muchos años.