Los
días 2 y 3 de mayo del año 1969, sin duda son una fecha que marca una
de las crisis más profundas que ha vivido la Democracia Cristina durante
su historia como partido político, de cuyas filas han salidos tres
Presidentes de la República que han gobernado nuestro país, como lo
fueron Eduardo Frei Montalva (1964-1970), Patricio Aylwin (1990-1994) y
Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000).
Si
bien para muchos históricos democratacristianos el partido, que ya
tiene 65 años de creación como tal, ha sufrido durante estas décadas
varias crisis institucionales, la del año 1969 es sin duda una de las
más recordadas. En esa oportunidad, durante el desarrollo de la Junta
Nacional, según los historiadores, relatan que coexistían dos almas al
interior de esta colectividad, un alma de centro y otra alma de
izquierda. La primera abogaba por ir en un camino propio en las
elecciones del año siguiente, que permitiera termina el proceso de la
revolución en libertad que impulsaba el entonces Frei Montalva.
La
segunda, apostaba por la Unidad Popular, que era apoyada por los
llamados terceristas y rebeldes, además de la JDC y de dirigentes
históricos, también el respaldo de Radomiro Tomic, quien sería el
candidato presidencial en 1970. Esta tendencia rechazaba cualquier
entendimiento con la derecha y también la posición de aislamiento de la
Democracia Cristiana, definiendo el objetivo de la Unidad Popular.
Al
final de esta histórica Junta Nacional se impone la postura del camino
propio por un margen muy estrecho, de 233 contra 215 votos de los
delegados, lo que desencadena en una crisis en la DC, que se ve
reflejada en renuncias de militantes. A los pocos días los exmilitantes
democratacristianos darían vida al MAPU, un proyecto novedoso y que
tendría gran influencia en la historia de Chile.
A
65 años de esa gran crisis política de la DC, la historia podría
repetirse, pues el partido de la Falange atraviesa por una situación de
incertidumbre y de una división interna, que, si bien se arrastra por
varios años, hoy se hace más notoria con mira a la postura que debe
asumir frente al plebiscito de salida del 4 de septiembre. La división
al interior del partido sin duda no es una especulación, lo que quedó
demostrado en la última elección de la directiva nacional, en donde el
actual presidente se impuso con el 51% de los sufragios, con una
diferencia de solo 130 votos sobre la lista de su oponente.
Por
estos días las aguas al interior no están tranquilas, a ratos muy
turbulentas, ello, a pocos días de la Junta Nacional convocada para el 6
de julio, en donde se definirá la postura del partido en el plebiscito
de salida. En esta máxima instancia se deberá tomar una decisión, votar
apruebo o rechazo, descartando, según lo expresado por el presiente
nacional, la opción de dar libertad de acción a los militantes, tal como
lo solicitaron nueve expresidentes en una carta enviada a la
colectividad.
Sin
duda, hay dos almas al interior de la Democracia Cristina, lo que queda
demostrado tanto con la elección de la directiva nacional como en la
postura de algunos parlamentarios, que a pesar de que no hay un
pronunciamiento oficial, ya han manifestado su opción por el apruebo o
el rechazo. Por eso, que para algunos militantes históricos, si bien hoy
la crisis se da en otro contexto, la historia podría repetirse al igual
que hace 65 años.