A
pesar de la crisis política actual, nuestro sistema político ha seguido
funcionando. Después de todo, las elecciones de este año han seguido
produciendo ganadores y perdedores, por lo que pareciera que se avanza.
Sin embargo, las elecciones también han develado que existen aspectos de
nuestra democracia que no están operando adecuadamente.
Uno
de estos aspectos es la baja participación en las elecciones. Esto es
preocupa debido a que la democracia posee una dimensión de legitimidad
que se resiente cuando la participación mengua. Una de las virtudes de
la democracia es que las decisiones tomadas por las autoridades (que
muchas veces imponen obligaciones como obedecer leyes, pagar impuestos,
etc.), son vistas por un gran número de personas como autoimpuestas, ya
que son estas mismas personas las que directa o indirectamente
consintieron dicha decisión a través de su voto. Mientras más respaldo
ciudadano tenga una autoridad, más personas se sentirán parte de sus
decisiones. Pero lo contrario también es cierto. En este contexto,
preocupa que para la segunda vuelta de gobernadores la participación no
alcanzó a llegar al 20% del total del padrón nacional, lo que se suma al
exiguo 41,5% de participación en las elecciones mayo. Obviamente, todos
quienes resultaron electos son genuinos ganadores de dichas elecciones.
Pero la poca participación deja un gusto amargo en lo que respecta a la
dimensión de legitimidad propia de la democracia.
Otro
de los aspectos inquietantes es la pobre calidad de información que
circula en el debate público. La veracidad o completitud de la
información es fundamental para la democracia, ya que las decisiones que
son tomadas en base a información falsa o incompleta pueden no ser
buenas o derechamente perjudiciales. Un ejemplo de esto sucede en el
debate acerca de las AFPs. Entre otras ideas, se ha instalado en la
opinión pública información del tipo que los fondos de pensiones no son
heredables (la AFP se queda con la plata al morir el cotizante) y que
las pensiones se calculan estimando que viviremos 110 años. Ambas
informaciones son falsas. Sin embargo, han sido ampliamente difundidas
en redes sociales y matinales. Por otro lado, se ha invisibilizado el
hecho de que cerca del 70% de lo que se obtiene al momento de
pensionarse corresponde a rentabilidad de la AFP y solo un 30%
corresponde a la cotización del afiliado. Está a la vista que en muchos
casos esto
igual significa una mala pensión (por lagunas, trabajo informal y baja
cotización), de modo que tenemos que hablar en serio acerca de reformar
el sistema. Sin embargo, el resultado de la reforma puede no ser el
mejor si en el debate público se da en base a premisas falsas y
desconociendo las verdaderas.
La
democracia tampoco puede funcionar adecuadamente si es que no existe un
mínimo de responsabilidad y buena fe por parte de los actores
políticos. Durante el último año, en plena pandemia, hemos presenciado a
candidatos del oficialismo y de oposición privilegiar las elecciones (o
la reelección propia) por sobre el bien común. Dentro de sus intentos
por hacerlo, hemos visto desfilar proyectos de ley inconstitucionales,
de impuestos que suenan bien pero no recaudan suficiente, y otros que
suponen la posibilidad de dinamitar las pensiones futuras de los
chilenos. De hecho, es precisamente a través del uso de la retórica, la
desinformación y la adulación de las masas que la democracia deviene en
demagogia, privándonos de todas las virtudes de la primera, favoreciendo
finalmente los intereses personales de los políticos por sobre el
interés público. En ese sentido, no hay ningún sistema de gobierno (ni
Constitución) que pueda funcionar sin este mínimo de compromiso público
por parte de los actores políticos.
Es
de esperar que una vez pasada la vorágine electoral de este año podamos
conversar en serio cómo recuperar los elementos virtuosos de nuestra
democracia, para así aprovechar lo mejor de ella, minimizando sus
defectos. Después de todo, y como decía Winston Churchill, la democracia
es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se
han inventado. Al menos yo pienso que tenía razón.