La derrota cultural de la derecha tradicional

La
crisis de la derecha chilena tiene algunos fundamentos arraigados
fuertemente en las estructuras que la dominan, a saber, por un lado la
institucionalidad partidista hegemónica, donde se encuentran los
partidos tradicionales de la centro derecha, pero también por sus
diversos centros de estudios ideológicos, los pensadores, intelectuales y
académicos en los que se inspiran y, también, por qué no decirlo, la
participación de una elite empresarial. Hay que reconocer, por supuesto,
el esfuerzo de las bases del sector, personas siempre invisibilizadas
que van desde dirigentes de la sociedad civil, jóvenes líderes que dejan
los pies en la calle en el servicio a la comunidad, en el trabajo
social y en la defensa también de las ideas, emprendedores,
trabajadores, gente común y corriente, sin cargos ni grandes
responsabilidades políticas, sino personas que creen en el mérito, el
esfuerzo, en el orden y el Estado de Derecho, la seguridad, y por sobre
todo en las diversas manifestaciones de la libertad. Como símil del
evangelio cristiano, nadie se salva por las obras, y en este caso,
desafortunadamente, la calle no basta.

Así
lo demostraron los resultados de las elecciones y el ascenso al poder
ejecutivo del social comunista Gabriel Boric, lo que no es solo una
derrota electoral, sino que también una profunda derrota cultural para
la derecha tradicional. Por ello, nunca será suficiente un pañuelo
celeste como reacción al pañuelo verde, porque las medidas hasta ahora
han sido constantemente reactivas, muy poco profundizadas en ideas, sino
en cánticos panfletarios como si la génesis de la hegemonía contra
natura que promueve la izquierda posmoderna estuviera en la memoria de
corto plazo de las personas, porque si ingenuamente se piensa que
solamente son los militantes y activistas quienes levantan estas
banderas, se hace un reduccionismo bastante peligroso y torpe por lo
demás.

Cuando
se dice que la derrota es cultural, es porque las ideas han permeado en
la sociedad más allá de las bases activistas de ciertos movimientos
políticos, sino que ya ha permeado en la sociedad civil, en las
instituciones, y como galardón del avance, también se ha incorporado en
el lenguaje, en la comunicación, y como leí por ahí en algún medio
escrito “quien controla el lenguaje, controla la vida social”. Tras
bambalinas se encuentra, en el lenguaje mismo de las personas,
sabiéndolo o no, la incorporación de algunos o pocos elementos
culturales e ideológicos de izquierda, y algunos muy radicales. Y aunque
muchas personas dicen estar desinteresadas de la política y la palestra
mediática, de igual manera ante tan avasallador avance han adquirido e
incorporado en su diario vivir, en su actuar y en su relación con los
demás las motivaciones culturales de la neoizquierda. Esta mentalidad
colectivista propiciada intencionalmente es patológica, reproduciéndose
exponencialmente en Chile y como borregos las masas han perdido y han
cedido su libertad ante el ideal igualitarista que se transforma y muta
desde la lucha de clases a las dialécticas y dicotomías cotidianas para
adecuarse a la posmodernidad.

A
estas alturas es esperable del proceso revolucionario de la izquierda
encontrarse con personas influenciadas indirectamente por la corriente
ideológica, ya sea por moda, cuestiones de psicología social, por el
buen marketing o por el buen trabajo filosófico, antropológico y de
formación. Lo increíble de todo esto es el sometimiento voluntario de la
derecha tradicional, quien alza banderas, luchas y consignas que no son
propias de su génesis, sino que desesperadamente encausa motivaciones,
inclusive contrarias a sus principios, para encontrar vitalidad ante su
clara muerte cultural. El terreno de juego de esta derecha ya no se
encuentra en las diferentes dicotomías políticas e ideológicas entre la
libertad y el igualitarismo para defender su posición, ahora camina
hacia la servidumbre sin una agenda propia y en la ruta enemiga. La
derrota de la batalla cultural de la derecha tradicional no es solo
porque la izquierda ha permeado eficazmente la sociedad, sino que ha
subido a su carro de lucha a su contendor, y como bien dice Sun Tzu “el
arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”. En condiciones
actuales la derecha no lucha, se somete.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS