En los últimos
meses Chile ha vivido un proceso de transformación (sea este para bien o para
mal) a partir del cual numerosas voces han surgido pidiendo cambios de una u
otra índole. Estas peticiones generalmente buscan la implementación de cambios
que buscan darles mayores facultades y poderes al gobierno central para decidir
e intervenir en mayor medida sobre la vida de todos y cada uno de los
individuos que habitan el territorio chileno.
Pero uno de los elementos que menos se ha
discutido, a pesar de su enorme relevancia y quizás justamente porque es una
política contraria a la tendencia estatista y centralizadora de los últimos
meses, es el tema de la
descentralización y su importancia para todos aquellos que viven fuera de
Santiago.
En los últimos años una serie de políticos han
mencionado la necesidad de descentralizar y de “impulsar a las regiones” siendo
este un mensaje mencionado por políticos de todo el espectro político desde la
derecha a la izquierda chilena. Pero en la práctica lo único que han propuesto
y logrado es crear nuevos cargos públicos que “supuestamente” representan de
mejor manera a los habitantes de las regiones, aunque en la práctica esta
supuesta “descentralización” lo único que ha causado es que haya nuevos puestos
que son ocupados por figuras asociadas a los partidos políticos los que se
benefician de nuestros impuestos a la vez que se encuentran subordinados a la
autoridad centralista que gobierna desde Santiago y Valparaíso, lo que
trágicamente ha significado que todos los individuos de este país paguemos
montos cada vez más altos de dinero a la corporación estatal a través de los
altísimos impuestos con los que el estado nos arrebata dinero de nuestro
bolsillo diariamente.
Esto nos lleva a preguntarnos si estás
políticas de supuesta “descentralización” son realmente representativas de un
sistema efectivamente descentralizado. La respuesta es claramente un NO
rotundo. En consecuencia, es imperativo determinar qué es realmente necesario
para tener un sistema descentralizado y por qué este es deseable.
La verdadera
descentralización implica que los habitantes de un territorio puedan tomar sus
propias decisiones y que no sea mediante un gobierno central que decida por sus
habitantes, pero una verdadera descentralización además requiere que los
habitantes tengan un rol importante en la toma de decisiones y que no caigan en
una situación de desconexión e impotencia con los funcionarios locales tal como
ocurre en la república federal Argentina donde los funcionarios locales del
sistema federal toman decisiones por su cuenta dejando completamente de lado la
voluntad de los habitantes locales.
En la práctica, esto implica que los
individuos de un territorio deben tener la facultad de autodeterminarse, de
decidir cual es el camino que seguirán las tierras en las que ellos habitan,
puesto que ellos son quienes viven allí, conocen los problemas locales y por lo
mismo deberían ser quienes deciden la solución a esos problemas utilizando el método
que les parezca más adecuado con los fondos que tengan a disposición. Esto
implica que para que se desarrolle una verdadera descentralización tanto a
nivel regional como a nivel personal es imperativo que el gobierno central
termine de manera completa o parcial con la extracción de dinero y recursos a
los habitantes de las respectivas comunidades y que se permita a los individuos
decidir por su cuenta en coordinación con sus pares los destinos de sus recursos que legítimamente son de ellos
como individuos y sobre los cuales el gobierno central no tiene ningún derecho
legítimo.
En consecuencia, no se podrá tener una
verdadera descentralización si esta no va acompañada de un poder de decisión
por parte de los habitantes locales y la facultad de las regiones o incluso
comunas de poder tomar sus propias decisiones, tanto a nivel regulatorio,
organizativo, o en cualquier otro ámbito que ellos determinen.