La desconfianza en el paraíso

La
condena a la violencia en estos días se asemeja a la promesa del
paraíso, donde se nos oferta un lugar hermoso y tranquilo en el cual
viven las almas de los justos y gozan de completa felicidad,
tranquilidad y condiciones para hacer negocios. En cambio, quienes
protestan en las calles por mejores condiciones de vida van al lugar
donde las almas mueren en pecado, sin haberse arrepentido de sus faltas,
para sufrir toda suerte de calamidades o al menos una prologada prisión
preventiva, en realidad se les envía al infierno.

Al
menos el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Por el
contrario, se suele desconfiar de las ofertas al paraíso, porque está
aún fresca en la memoria colectiva que éste conduce con mayor frecuencia
a la tranquilidad de los cementerios o al menos a la ceguera provocada.

La
renuncia al fundamentalismo y/o a una cuota de mesianismo nos obliga a
tener una medida algo más terrena, privilegiar la unidad y los acuerdos
posibles para poder disfrutar de la paz social y tranquilidad que la
realidad nos permite. Esta actitud, rechaza declaraciones de guerra
contra enemigos ocultos y poderosos entre los chilenos, sino que
privilegia el reconocimiento del otro en la plenitud de su dignidad y
derechos.

Quienes
provocan desmanes en un contexto de protesta o antes de ella
incendiando un Paradero de Buses a la salida del Hospital Regional, no
han perdido su calidad ciudadana y precisamente por ello son
susceptibles de reproche, caso contrario serían humanoides, como en
algún momento se catalogó a los disidentes o delincuentes.

Nos faltan sólo treinta días para las elecciones
presidenciales, conocidos sus resultados los chilenos no nos
dividiremos entre puros y pecadores, sino que seguiremos siendo las
mismas personas que deberemos convivir, compartir y trabajar, no para
expiar nuestros pecados, sino que tan sólo para continuar con nuestras
vidas muy normales y hasta corrientes, deberemos concurrir a las
Clínicas o Hospitales que podamos financiar, los niños y jóvenes
retornaran a las escuelas y liceos que necesitan el retorno a sus
actividades presenciales, para hacerlas algo más integradas y obtener
mejores resultados, los adultos mayores quizá morirán en la esperanza de
una pensión digna, porque los costos suelen tropezar cuando no hacer
zancadillas a las buenas intenciones.

Las
elecciones son una oportunidad para instalar esa sana y necesaria
desconfianza en el paraíso, donde sólo nacen y crecen personas llenas de
virtud y espíritu cívico. Cuando las instituciones funcionan aseguran
una convivencia equilibrada y razonable, inclusive con los menos
virtuosos o afortunados como aquel anciano que transformó el Paradero de
Buses en su morada, a las puertas del hospital.

Francia
no sucumbió por los chalecos amarillos ni los Estados Unidos, capituló
por las recientes protestas, Chile no lo hará, no será la excepción, por
tanto la alharaca y las promesas de paz y tranquilidad con ofertas a la
salvación en nada contribuyen.

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