El
voto de la senadora Carolina Goic, por el rechazo al cuarto retiro de
los fondos previsionales es su despedida, y lo hace yendo más allá de lo
que quieren sus representados, en contra de lo que éstos pueden
decidir, una vez que ya se abrió la Caja de Pandora a un primer, segundo
y tercer retiro. O sea, la cuestión es si con el argumento de sus altas
responsabilidades o de la libertad de conciencia puede la mandataria
por si y ante sí, apartarse de la voluntad mayoritaria de sus
electores, privilegiando el sistema de AFP, al cual dice oponerse.
Cuando
la gran mayoría de los chilenos no alcanzan los quince años promedio de
imposiciones continuas o habiéndolos cumplidos no obtienen una pensión
por sobre la línea de pobreza, no resulta admisible que en aras de no
perjudicar sus pensiones ya paupérrimas, se les prive del uso legítimo
de sus recursos, en un sistema que claramente no es de previsión social,
pero que ha funcionado estupendamente para las administradoras de lo
ajeno. Así, si una persona decide retirar sus fondos porque éstos solo
pueden variar entre rangos de la extrema pobreza, no existe una
argumento razonable que avale la posición de la parlamentaria.
Con
todo, la senadora Carolina Goic, no está sola en esta posición a la
cual adhiere el Senador Carlos Montes del Partido Socialista. O sea, no
es una cuestión de partido, sino que es una actitud política soberbia y
autoritaria, propia de quienes sienten que no deben responder ante
nadie, o peor aún, que desafiando la convicción de la inmensa mayoría de
los chilenos piensan que pueden resolver mejor que todos y cada uno de
los que quieren disponer de lo suyo.
Sería
temerario atribuirle otras intenciones, tales como las que menciona el
26 de octubre el chiste del diario La Prensa Austral, en que se dice que
sería una suerte de vendetta contra la disidencia demócrata cristiana.
O sea, existiría una suerte de búsqueda de protagonismo atribuyéndose
un sentido superior de responsabilidad que la distinguiría entre sus
pares, cuando en realidad el problema es que debe rendir cuentas a
quienes fueron sus electores, y esta vez no pasa la prueba. En efecto,
es cosa que observen quienes los aplauden y felicitan, cuando lo hacen
desde el Gobierno y las Administradoras de Fondos de Pensiones, no cabe
duda que cruzaron la vereda y no están del lado del bien común sino que
en favor del interés privado.
Es
probable que esta decisión perjudique aún más las posibilidades
electorales de la candidata Yasna Provoste, pues compromete su supuesta
capacidad de portar credenciales de gobernabilidad. Con todo, el
problema no es de órdenes de partido, sino que de convicciones, acerca
de si realmente con esta actitud se puede confiar en quienes han
decidido los proyectos de reforma previsional, entre quienes existe un
sector que definitivamente no privilegia el cambio sino que sólo una
solución estética maquillada de responsabilidad superior.
En
la hora del adiós la prioridad no esta no está en los pensionados, sino
en las apariencias o quizá en como resolver rencillas menores. No era
está la despedida que deseábamos para nuestra senadora.