La dictadura sanitaria: un lecho de Procusto

Luego
de más de un año en que el gobierno de Chile ha aplicado un estado de
excepción que ha conllevado toques de queda, prohibiciones y
restricciones sostenidas en el tiempo, con sus irregulares intervalos de
flexibilización, modificaciones en cuanto a la franja horaria deportiva
y oscilaciones frecuentes en la reforma de horarios en los que se
prohibe la libre circulación de la población civil por la calle,
nuevamente entra a la palestra la posibilidad de extender esta medida
para sostener un confinamiento estricto para todo el país.

Peor
aún, en vísperas de esta intrincada deliberación, todavía resiste en
algunos sectores la perniciosa e impía pretensión de mantener
enclaustrados a los ciudadanos, quienes ven en estas medidas su
sostenida depauperación, la dilatación de sus tribulaciones, el
desmoronamiento de sus anhelos, la prolongación de una senectud indigna
hacia el inevitable fenecimiento, el tránsito de un camino borrascoso y
de servidumbre ha
cia
el ostracismo de las cuatro paredes y la perturbación emocional. Al
final, como menciona la sabiduría popular: todos su cruz llevan; unos, a
rastras; otros, a cuestas. Lo cierto es que nadie está exento de tales
rigores.

Quienes
debieran abogar por la recuperación y el restablecimiento de la
normalidad, son el sayón contemporáneo de los desamparados. Se desgastan
entre la sinrazón y el despropósito al omitir un estadio de
afectaciones que hoy en día debieran tener mayor asidero o ponderación
dentro de la discusión pública e inclusive en el interior de la
evaluación política del país.

Nuestros
liderazgos deben comprender que no es posible soplar y sorber
simultáneamente, que mientras nos confinan bajo la pretenciosa premisa
de cuidarnos abren la caja de pandora hacia males con los que tendremos
que vivir y morir durante los siguientes decenios. Tasas bajas de
vacunación infantil, disminución de exámenes de detección del cáncer,
menos visitas preventivas para enfermedades cardiovasculares, son apenas
una mención sucinta de estas contrariedades.

La
libertad sigue siendo una tarea pendiente que requerirá de los
ciudadanos una revisión existencial, incluida la reflexión sobre el cómo
contestar a este lecho de procusto al que lo continúan subyugando, que
no es sino una dictadura sanitaria.

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