“Está
claro que el hidrógeno no solo nos ayudará a poner fin a nuestra
contribución a la causa del cambio climático, sino que también podría
crear importantes oportunidades económicas”. Con esas palabras el
ministro de energía de Escocia, Paul Wheelhouse, anunciaba a principios
de este mes la creación del Programa de Hidrógeno del Norte de Escocia,
el que considera la creación de un centro de producción de hidrógeno
verde en el puerto de Cromarty Firth, uno de los principales puertos de
las Tierras Altas de Escocia (con un parentesco casi calcado en lo
geográfico y económico con nuestra región de Magallanes).
Al
igual que nuestra zona austral, las Tierras Altas de Escocia están
experimentando el inicio de un nuevo proceso de desarrollo energético
vinculado a una economía sustentable mediante la descomposición de las
moléculas de agua (H2O) en oxígeno (O2) e hidrógeno (H2) a través de
procesos de electrificación con energías renovables (eólica y solar).
Sin
embargo, lo que es para nosotros el principal objetivo es la
exportación, para la región del norte del Reino Unido es un cambio
sistémico de modelo. Así lo deja entrever ScottishPower, operador y
distribuidor eléctrico escocés que junto a las gigantes de bebidas y
whisky como Glenmorangie, Whyte & Mackay y Diageo, además de la
compañía energética Pale xx Dot, ya están ejecutando un proyecto para
cambiar la matriz energética de sus empresas. El proyecto cuya
viabilidad estará presente en mayo pretende la trasferencia energética
desde el carbón al hidrógeno verde para la producción del característico
destilado escoés.
Esto
hace repensar la importancia de la interacción internacional de las
regiones y el potencial que trae consigo su vínculo local en términos
socioeconómico (por muy geográficamente alejadas que se encuentren). Más
aún, cuando la estrategia de desarrollo que se ha utilizado desde el
retorno de la democracia en nuestro país, es lo que se ha denominado
“regionalismo abierto”.
En
esto sentido, es menester visualizar las potencialidades que tenemos en
nuestra región. En primer lugar, por la posición geográfica
estratégica; principalmente por su cercanía con el continente blanco,
donde Magallanes cuenta con una posición privilegiada en su acceso,
siendo un espacio interesante para fortalecer la cooperación científica
con otros actores. En términos identitarios, la región se caracteriza
por su identidad local, siendo un punto a considerar en la
internacionalización de su historia, tradición y cultura. Evitando en
últimas un conflicto con el gobierno central, al poder complementarse
con los parámetros de la política exterior de Chile, supuesto que la
académica Caterina García presenta en “La actividad exterior de las
entidades políticas subestatales”.
Y
por último, la oportunidad de internacionalización con el objeto de
generar una mayor autonomía económica respecto del Estado, siendo el
hidrógeno verde una oportunidad para abrir las puertas a una economía
sustentable e innovadora; posibilitando la generación de lazos de
cooperación descentralizada con regiones pioneras en la materia, como es
el caso de Escocia.
En
ese contexto, pese a lo dificultoso que puede ser la
internacionalización de las regiones chilenas, principalmente por la
ambigüedad de las normas jurídicas que versan sobre la materia. No es
impedimento para replantear el desarrollo territorial en materia
internacional, más aún cuando la experiencia nos ha mostrado que la
paradiplomacia no se agota en cuerpos normativos-institucionales, más
bien es una práctica que en muchas ocasiones se realiza por la costumbre
y necesidades de los territorios.
En
ese sentido, la región de Magallanes tiene mucho que mostrar al mundo.
Su identidad y cultura, la cooperación científica y la posibilidad de
una autonomía económica que sea sustentable y desarrollada son factores
a considerar. La paradiplomacia puede ser el medio principal en la
contribución de visibilizar a la región como un sector con oportunidades
de acceso al mundo y no como un sector aislado de él, como se ha
concebido históricamente. Ante eso, es menester generar una
planificación institucional, colectiva y participativa en la
internacionalización de la región, impulsados tanto por los aparatos
gubernamentales como por la sociedad civil, contribuyendo en la
“paradiplomacia magallánica” para el desarrollo de la región y sus
habitantes.