Si hay lecciones que debemos aprender en estos nueve meses de la pandemia de Coronavirus es que en la Región de Magallanes y Antártica Chilena no tenemos una diversidad económica a la cual recurrir en casos como estos. En nuestras dobles cuarentenas y con las peores cifras del país, fuimos testigos de la enorme cantidad de pérdidas de puestos de trabajo en nuestra región, como nunca habíamos visto. El turismo se verá muy afectado y son los mismos actores políticos y líderes de opinión quienes la han validado como actividad fundamental en el desarrollo económico de Magallanes. Por ello, es penoso darnos cuenta de que han sido ellos mismos -incluidos parlamentarios- los que le pusieron la lápida a otras actividades fundamentales como la minería y también han puesto muchos reparos a la salmonicultura, actividad que está generando importantes ingresos para la zona más austral del país. Por eso es importante mirar a futuro, a un futuro que quizás hoy lo vemos incierto, pero al que hay que apostar con actividades productivas que nos generen un bienestar para habitar esta tierra magallánica. Hay que saber cuidar lo que tenemos, por ejemplo con otras actividades como la pesquera o la forestal. El turismo no lo es todo en Magallanes. Ahora nos veremos seriamente resentidos y es por eso que hay que mirar al futuro con una amplitud. No quedarnos en lo de siempre, cuyos provechos generalmente los obtiene el Estado y no el ciudadano de a pie. Es prioritario darnos cuenta de que el desarrollo de una región como Magallanes debe estar cimentado en sólidas bases, entregando espacios para un desarrollo económico y social que satisfaga las necesidades de su población y no sólo intereses personales, basados en políticas populistas y añejas. Se debe diversificar, porque ¿qué pasaría si nuestro ganado es afectado por una grave peste? También la ganadería magallánica se vería muy afectada. ¿Los hidrocarburos se están agotando? ¿Y qué pasará el día que las empresas decidan no hacer más exploraciones en Magallanes? Todas esas actividades deben saber convivir bajo el mismo techo, pero necesitamos más. No nos podemos quedar solo en ellas y a las que hay se les debe potenciar. Ojalá aprendamos de estas lecciones que nos deja una pandemia que nos lleva encerrados pro nueve meses.