Que
en Chile nos tienen sometidos como a otros países del mundo, a una
dictadura sanitaria que cada vez nos oprime más, es un hecho cierto al
que me he referido muchas veces. Lo último, el dictamen del Contralor
que pretende investir al personal de salud de facultades hasta para
allanar e ingresar a una vivienda sin previa orden judicial, importa un
retroceso de siglos en cuanto a los derechos fundamentales. Resulta
penoso que en Punta Arenas vivamos con el temor permanente de entrar a
nueva cuarentena que probadamente no han servido las anteriores, excepto
para seguir arruinando vidas, empresas, ilusiones. Porque creo y
sostengo que esta estrategia simplista de encierro/bono es un terrible
error que se transformó en horror. Paralelamente
y con estrecha conexión en esta dictadura sanitaria, está la dictadura
de una clase política mediocre y egoísta, en su conjunto. Una clase
política de escasísimo valor intelectual y moral, que profita de la
desgracia ajena, de personas y del país, que desafía insolentemente
críticas y quejas, total “yo tengo el monopolio de la democracia” dicen
sus integrantes. Y
es aquí donde se da la paradoja y la masa se la cree, que esa clase
política hace algo por la gente autorizándolos a retirar sus ahorros
previsionales en “tajadas” de 10% cada vez es decir, los “ayuda” con sus
propios dineros. La gente desesperada entre lo económico y la presión
sostenida de lo sanitario que todo lo destruye, tampoco lo piensa, pero
lo que está haciendo la clase política es engañar, ocultar con unas
monedas lo que realmente están haciendo, y me refiero a la izquierda con
creciente apoyo de la derecha piñerista: destruyendo el sistema de las
AFP. Muy pocos entregan la información completa. Por ejemplo, que los
fondos de pensiones, de inversión obligatoria, son cruciales para
sostener financieramente la economía nacional, y ello ya en este tercer
retiro se torna complicado. Segundo,
que hace exactamente un año se presentó en el Senado un proyecto de ley
que expropia todos los fondos de pensiones y crea una entidad fiscal
recaudadora de recursos de todos nosotros, que así pasan al Estado. A
este “honesto” Estado, ineficiente, ineficaz, mediocre, incapaz de
manejar la crisis sanitaria sin destruir al país, Estado que se
apropiará de esas platas que han quedado en evidencia que aunque fueran
pocas ahí estaban en cuentas individuales. Si eso ocurre, así como
ocurrió con los antiguos sistemas de las cajas de previsión, los dineros
van a desaparecer entre el uso sesgado con que inauguraran el “Estado
social de derechos” y las “inversiones” con los “amigos”… Porque lo más
anterior que habían diseñado era la AFP estatal, sabiendo que el destino
de esos dineros de cotizaciones debían y deben invertirse
provechosamente. Ahora, bajo administración única de un órgano del
Estado, ¿Imagina el poder
económico de quienes administren ese órgano? ¿Imagina a burócratas y
operadores políticos, iguales a los que Ud. conoce acá en Magallanes,
haciendo inversiones financieras en empresas y fondos de inversión en
Chile y en el extranjero? Sí, porque parte de esos fondos están
invertidos afuera. Lo que está ocurriendo es que la dictadura de los
partidos está robándose esa plata en un plan genial, “compartiendo” con
varios millones que así aplauden lo que ocurre. Si tuviesen esos
políticos real intención de ayudar a la gente habrían vendido bienes del
Estado, habrían rebajado el sueldo a todos los funcionarios pagados con
nuestros recursos. Pero el Estado no se toca, es el botín de la
política y la revolución en curso. Y existe contubernio, cada vez que un
parlamentario “de derecha” ha votado por el retiro, ha votado por
Pamela Jiles y por la revolución deconstructora, y esto no solo por
tratar de mantener el cargo sino derechamente porque la izquierda
penetró a la derecha. Absolutamente
nadie defiende al ciudadano común y sus derechos fundamentales, están
esquilmándonos y destruyendo el futuro. Dirán que “defiendo a las AFP”
Me importan un rábano, defiendo a Chile, porque quiero
tener país y vivir en libertad cuando termine esta dictadura sanitaria
dejándonos un país en ruinas. Es indudable la colusión entre ambas
formas dictatoriales imperantes, y solo despertando realmente como
nación podremos superar ambas, y primero vencer la cobardía reinante.