La educación en Chile

Todo
indica que el principal problema que tenemos en Chile es la mala
educación. Esta realidad sumada a la inseguridad, tienen a nuestro país
en un callejón sin salida. Los profesores de escuelas y liceos públicos
hoy, son infinitamente peores que los de hace 50 años. Los alumnos
estudian menos que antes, hacen menos deporte, permanecen menos en los
colegios y los conflictos internos se agudizan. La autoridad de
profesores y directivos está mermada y los programas de estudio
ideologizados. La educación pública de antaño, en que el Instituto
Nacional, el INBA, el Liceo 1 o el Carmela Carvajal competían con los
particulares, es historia. Los apoderados sobreprotegen a los hijos y
los profesores ya no ejercen su influencia en los educandos. Se enseña
poca y sesgada historia de Chile, se priorizan materias sexuales, la
filosofía no es tema y los actos patrióticos ya no se llevan a cabo. El
Himno de Yungay ya no se canta y el emblema nacional en muchas partes se
le hace competir con banderas regionales. Las clases a distancia con la
pantalla apagada y el celular conectado día y noche, colaboran al daño
que se le hace a la educación. Los profesores no son evaluados y en
verano se van de vacaciones y no a perfeccionamiento como antaño. Los
uniformes van de salida y los tatuajes y alambres faciales de entrada.
En este entorno decadente, ¿que podemos esperar de nuestro Chile? Tras
la secundaria todos sueñan con la universidad, cuando en Chile no hay
buenos técnicos. Faltan maestros carpinteros, albañiles, gasfíteres,
buenos mecánicos, soldadores, herradores y muchos oficios nobles
desaparecen. Las plazas están vacías de niños y los juegos infantiles se
oxidan. Mientras tanto las casas abarrotadas con jóvenes conectados a
la pantalla y ajenos al medio que los rodea y a la naturaleza. La droga
se toma los barrios y la autoridad es débil. Todo transita hacia menos
estudio y
menos
profundidad. Pocos leen y muy pocos saben escribir o entender lo que
leen. El lenguaje se degrada con autoridades ignorantes que se las dan
de “inclusivos” hablando sandeces y dándoselas de cultos, desde la más
total ignorancia. Se han destruido iglesias y monumentos históricos de
patriotas relevantes y se da espacio para estatuas inmerecidas como la
de Allende en la plaza de la Constitución. En simultáneo se persigue al
gran Almirante Merino, referente inmortal de nuestra Armada de Chile. La
culpa no es de los jóvenes, sino más bien, de todos aquellos que sin
descanso afectan día a día la convivencia entre los chilenos os
sembrando odio y rencor. La educación chilena agoniza, y con ella los
sueños de millones de jóvenes que no podrán formar familias y ser
felices y cultos. La designación de rectores preparados y de un ministro
de educación de buen nivel son el punto de partida. Ya sa
bemos
que las congregaciones religiosas que le hicieron tanto bien a Chile
durante 5 siglos, enfrentan dificultades y su influencia en la sociedad
es menor. Así como la autoridad nacional le debe poner el “cascabel al
gato” a la inseguridad, en educación, la crisis es igual de brutal. Si
no se mejora urgentemente la educación básica y secundaria en Chile el
futuro de nuestra Patria es del terror.

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