La educación es el motor de la economía. Esto se debe en gran medida a que este importante aspecto de la vida, permite mejorar los niveles de productividad, siempre y cuando, ésta sea una educación de calidad.
Esta calidad se vio mermada en la pandemia llevando a que cientos de niños y niñas de nuestro país perdieran años de aprendizaje. De hecho, algunos estudios muestran que cuatro de cinco alumnos en dicho periodo, no alcanzaron los niveles mínimos de conocimientos requeridos, llevando a que sus ingresos futuros se vean reducidos en un 12%. Es decir, de forma temprana han erosionado su futuro.
Esto lleva a que el Ministerio de Educación lance sus primeros trazos para un proyecto de ley que busque el aseguramiento de la calidad en la educación escolar y parvularia, aspecto que es una buena noticia, ya que en estos niveles, se afianzan los conocimientos más importantes para nuestros estudiantes.
Empero, ¿Qué nos puede detener en dicho aseguramiento de la calidad?
Todo se puede resumir en lo que yo llamo la “trampa de los procesos”, o en palabras más simples, la “burocracia”.
Primero que todo, debo aclarar que la burocracia no tiene nada de malo, cuando busca ordenar procesos que permitan alcanzar nuestros objetivos. Pero como cualquier cosa en la vida, los excesos son muy negativos para la fluidez del sistema. De modo, que nuestra primera tarea es romper la jaula de los procesos, que lleva a que muchos directores se vean alejados del espíritu que los llevó a estudiar esta hermosa carrera, y se vean sobrecargados con labores administrativas que en ocasiones no contribuyen en nada al crecimiento de nuestros estudiantes.
Para lo anterior, debemos insistir en la mejora de nuestro sistema, pero desde adentro. Esto quiere decir, que la mejora del capital humano existente es una prioridad, dejando en claro que debe primar la inversión en la educación escolar primaria y secundaria, por sobre la educación superior. Esto puede generar molestia, no obstante, debemos entender que la base escolar es fundamental para el desarrollo posterior de conocimientos en la educación superior, de lo contrario, tendremos una nivelación hacia abajo.
Ahora bien, todas estas palabras suenan muy bien en el papel, sin embargo, la realidad muestra un mundo al revés, con profesores sobrecargados de labor administrativa, con profesores que se les ha quitado autonomía para la toma de decisiones, y lo más curioso, con profesores que no tienen la certeza de recibir sus remuneraciones.
Más que buscar culpables, es importante exigir a nuestros representantes en todos los niveles políticos que comiencen a trabajar por un aspecto tremendamente importante, que es que los profesores puedan pagar sus obligaciones por medio de las remuneraciones que fueron pactadas. Una vez que esto ocurra, podremos seguir reflexionando sobre la educación que queremos.