La
llegada del hidrógeno verde a Magallanes debería implicar también que
nuestras casas de estudios superiores se preocupen de incluir carreras
ligadas a esta importante actividad que seguramente pasará a ser parte
importante de nuestro sector productivo.
Desde
hace un tiempo en la Región de Magallanes y Antártica Chilena se
debieron haber implementado carreras más ligadas a las actividades
regionales y que no ocurriera que nuestros jóvenes tengan que salir de
la zona y muchos de ellos no vuelven.
Uno
de los cambios importantes que se debió incluir, por ejemplo, en la
prueba de admisión para el ingreso a las universidades es cómo insertar
contenidos que tengan más relación con las carreras técnicas que las
profesionales.
Acá en Magallanes, históricamente las carreras técnicas han tenido una importancia absoluta para el desarrollo de nuestra zona.
La
mayoría de los padres incurren en un tremendo error a la hora de
orientar a los jóvenes con respecto de qué hacer con su futuro. Y ahí
surgen los problemas cuando se plantea qué estudiar. La decisión es
difícil, pero se acrecienta aun más cuando las expectativas familiares
son demasiado altas y no hay un buen diálogo.
Las
complejidades de esta determinación pueden transformarse en una
oportunidad si se consideran todas las alternativas y se hace un
análisis de factores, como las capacidades e intereses, la
empleabilidad, el ingreso promedio y el campo laboral.
En Chile el cambio ya surgió desde hace un par de décadas y debiéramos implementarlo aún más en Magallanes.
Una
gran alternativa es la formación técnico-profesional, la que no solo
tiene una amplia oferta en el mercado, sino también una demanda
creciente de matrícula, que aumentó 46,8% entre 2010 y 2022.
Con
la incógnita de la salmonicultura en Magallanes se debiera potenciar
otras áreas y dentro de ello incrementar las carreras que verdaderamente
necesitamos en la región, por ejemplo el turismo, que no necesariamente
debe ser una carrera profesional con largos años de estudios.
A
esto hay que sumar la permanente necesidad de nuevos especialistas,
sueldos muchas veces superiores a los de una carrera universitaria,
aranceles accesibles con múltiples formas de financiamiento, además de
acreditaciones rigurosas y específicas para los centros de formación
técnica, que aseguran la actualización de sus planes de estudios.