La educación y la trascendencia del ser humano

La
proximidad de marzo nos lleva a una nueva, mas no novedosa, mirada al
fundamental proceso de la Educación en Chile. En las últimas décadas ha
habido un notable incremento de posiciones y modelos, incluso
antagónicos, acerca de cómo educar y cómo entender el proceso educativo,
lo cual significa que es una de las más trascendentales preocupaciones
de nuestra especie no sólo en Chile, sino que en todo el planeta. El
desarrollar y fortalecer escuelas de enseñanza y de transmisión de la
herencia cognitiva, cultural y valórica que se ha ido acumulando de
manera notable en nuestro proceso evolutivo cultural, ocupa lugares de
gran relevancia en el ámbito político por las repercusiones que tienen
sus consecuencias en el ámbito socio-económico, siendo cada vez más
evidente su importancia en la determinación del distanciamiento de las
clases sociales. Tanto es así que la Educación ha llegado a ser
concebida como un derecho humano universal y un bien común que habilita a
las personas para alcanzar otros derechos, como la salud, el trabajo
decente y la igualdad de género. Se justifica plenamente bajo el
principio fundamental de que la Educación transforma vidas y forma
generaciones distintivas, resultando ser un factor clave para consolidar
la paz, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo. Desde hace más
de dos siglos que en nuestro país se vienen proponiendo ideas, en sus
respectivos tiempos revolucionarias, acerca del rol de la Educación en
la conformación de la persona y de la sociedad y siguen vigentes las
expresiones de pensadores laicos como Andrés Bello, Domingo Faustino
Sarmiento o Guillermo Matta, para quienes la Educación era un derecho
del pueblo, al mismo tiempo que un deber del Estado y de la sociedad.
Expertos actuales en modelación educativa, señalan que los modelos que
se han aplicado para la formación educativa del pueblo surgen claramente
de escenarios sociales, culturales y políticos determinados por la
sociedad y, en general, encarnan la visión del Gran Ideal sobre el
“hombre a formar”, con la condicionante ética, especialmente exigible en
los tiempos actuales, de que todo proceso educativo, al igual que
cualquier formulación ética, presupone al individuo como un ser capaz de
relacionarse con el otro a través del saber, condición que implica una
responsabilidad y un deber personal de actuar, de tal manera que los
valores hacia los cuales se tienda sean los mismos para todos los seres
humanos reunidos en sociedad. Téngase en cuenta que la Educación no es
algo dado, sino la puesta en práctica de conocimientos, actitudes y
convicciones cuyos efectos se evidencian en la humanización de los
individuos, personal y social y, por tanto, no es una cuestión
secundaria o una cosa que se consigue, completa y terminada, o
relativamente acabada.

Un
Modelo Educativo Humanista está contenido en la Carta de la Educación
Laica de la Gran Logia de Chile, que concibe al hombre como un ser que
busca la trascendencia y su autorrealización, mediante una escala de
valores y un compromiso responsable con todo su alrededor. La Educación
Laica se construye sobre la base de la igualdad, la tolerancia y la
diversidad de origen (sexual, étnica, religiosa, económica, social,
cultural), aspectos que permiten fortalecer las relaciones humanas,
indispensables para lograr ambientes de convivencia armónica para educar
y crecer con compromiso en torno a la justicia y la responsabilidad
social.

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