Hace
un par de semanas, no me dejó de llamar la atención (y quizás a muchas
personas más), el anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
de catalogar a nuestros adultos mayores por su grupo etario como
“enfermedad”.
Es
una definición a lo menos polémica y discriminatoria, que está
sumamente alejada de la realidad que en Chile –o por lo menos en mi rol
de diputada integrante de la comisión de Personas Mayores y
Discapacidad– le hemos tratado de dar a todo este importante número de
chilenos y chilenas que contribuyeron de gran manera al crecimiento y
formación de nuestro país.
Hago
una pregunta muy simple ¿tu papá, tu mamá o quizás tus abuelos son
personas enfermas por el sólo hecho de ser mayores? O ¿una persona a los
66 años es enferma por el sólo hecho de tener esa edad? Creo que, a
primera vista, dicha concepción es errada.
Incluso
creo que se genera una contradicción muy grande con el artículo 3 de la
Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos
de los Adultos Mayores que habla justamente de la valorización de la
persona mayor, su contribución al desarrollo además de su papel en la
sociedad.
Esa
definición es muy clara ya que los adultos mayores siguen contribuyendo
desde diversos aspectos en las más importantes definiciones de nuestra
sociedad, desde aspectos trascendentales para la vida nacional como en
situaciones tan cotidianas que es apoyar muchas veces a sus hijos en el
cuidado y crianza de sus nietos, cuestión que a raíz de la pandemia, se
hizo más habitual
debido a que muchos escolares debieron forzadamente quedarse en casa y
sus padres salir a trabajar, lo que obligó a muchos adultos mayores a
desempolvar sus historias y volver a criar, pero esta vez a sus nietos.
Entonces, ¿la tercera edad es una enfermedad?
Y
entrando a la arena política, muchas veces vemos a los más jóvenes
hablar de “recambio”, “caras nuevas”, “nuevos rostros” entre otras
frases. Pero también hay que dejar ese espacio para aquellos que tienen
un poco de más de experiencia y algunas canas más sobre su cabeza.
El
ser adulto mayor, no es sinónimo de ser anticuado. Muy por el
contrario, el adulto mayor puede ser un gran aporte en materias de
nuevas ideas.
Ese
es el punto central: viejo con ideas nuevas. Y es ahí donde se puede
aportar de manera muy importante en la proyección de este nuevo Chile
que queremos dejar para nuestras generaciones futuras, pero mezclando
esas nuevas ideas con la experiencia que la vida nos da a cada uno de
nosotros.
El proceso de ser niño, joven, joven adulto, adulto y adulto mayor va de la mano (y por una razón lógica)
es ir avanzando en los años y aprendiendo de cada una de las
experiencias que nos entrega la vida, buenas y malas por lo que tratar
la tercera edad como “enfermedad”, es simplemente una falta de visión
con respecto a algo que a todos nos va a suceder.
En
lo personal, soy muy respetuosa de las opiniones de la OMS en la
mayoría de las materias, pero en este caso puntual, disiento
completamente porque simplemente se trata de un hecho que carece de
objetividad y mirada a largo plazo donde este importante grupo de la
sociedad sigue siendo un aporte.
Incluso me preocupa qué definición la OMS puede hacer de la ya instalada “cuarta edad” …
No
olvidemos a nuestros adultos mayores y entreguemos ese cariño y
reconocimiento a todos aquellos que son cercanos a nosotros porque no
debemos olvidar su aporte – en los más diversos ámbitos – a nuestra
sociedad, sus cambios en los últimos
años y la proyección de ese Chile que queremos para futuro y no ser
discriminados (aún más) tratándolos como “enfermos” cuando aún tienen
mucho que entregar.