La enseñanza de un gran error

Estas obras pueden ser tangibles o pueden verse reflejadas en ideas o proyectos. Es así como hoy se me hincha el pecho al poder ver ya casi a punto de comenzar a funcionar, una tremenda obra, como lo va a ser nuestro gran hospital en nuestra ciudad. Esta obra, requirió del esfuerzo, voluntad, trabajo de muchas personas, se realizó bajo la atenta mirada de toda una comunidad y hoy estamos a punto de ver su puesta en marcha.

Capítulo aparte, es el hecho de que como alcalde y el Concejo Municipal, no hemos podido conocer sus instalaciones, pero eso daría para una columna nueva. Lo importante de este hecho es que un trabajo e idea se va a ver coronada con su puesta en funcionamiento. Pero sería irresponsable de mi parte, el no poder hacerles notar, una piedra en el zapato, con la cual llevo caminando desde hace ya un buen tiempo.

Producto de las malas experiencias, es que uno como persona debe crecer y en lo posible no las puede repetir, es por eso, que con profunda preocupación, comencé a observar la improvisación con la que se trató el tema de la ocupación de lo que son las antiguas instalaciones del Hospital Regional de Punta Arenas, las cuales en la actualidad, ya se aprestan a cumplir seis años desocupadas, tiempo en el cual no se ha podido ser capaz de utilizar una infraestructura necesaria para el desarrollo de diversas actividades con las cuales se desenvuelve nuestra Capital Regional.

Viendo este ejemplo, como autoridad representante de todo una ciudad, comencé a hacer notar en cuanta reunión pude sostener, a través de diversos documentos, la necesidad de poder contar con un plan claro, que pueda indicar el destino de lo que serían, las “antiguas” instalaciones de nuestro actual Hospital.

Insistiendo, que tal cual como sucede en Punta Arenas, nuestras necesidades de espacios e infraestructura, son tantas como actividades que desarrollamos. Es en ese sentido, en el que comencé “una campaña” destinada a establecer un debate y generar una mesa de trabajo que por un lado, pueda darnos luces de establecer estas necesidades pero por otra examinar y analizar las posibilidades como parar llevar a cabo el manejo de esta gran mole.

Por lo cual, y ya habiendo transcurrido un buen tiempo desde estos momentos en los cuales pude plantear esta inquietud, surgida también a través de los distintos Concejos Municipales que han existido, desde que se comenzó a materializar este gran Proyecto. Es necesario comenzar a poner una voz de alerta, para que no nos ocurra lo mismo que en otros lugares, en donde este tipo de edificios comienzan a sufrir el desgaste propio del abandono y luego se convierten en elefantes blancos, los cuales cuesta mucho más rescatar y reacondicionar, que volver a tenerlos en un normal funcionamiento.

Es tal vez por el estilo de mi trabajo, el sello que hemos querido investir como gestión, que esta compañía constante de duda respecto al futuro de este edificio, es la que nos mantiene tranquilamente inquietos y sin aun tener algún tipo de respuesta “oficial”, que nos permita suponer, opinar o aportar para asegurar el aprovechamiento de estas instalaciones.

Confío plenamente que seremos capaces de encontrarle la vuelta a esta situación y saldremos adelante, como buenos Natalinos que somos, para poder seguir creciendo y avanzando como Ciudad.  

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