En
nuestros tiempos resulta una paradoja inconcebible que, teniendo la
información a la mano, la gente viva desinformada. La premonición hecha
realidad de la “aldea global”, está hoy más viva que nunca: el mundo
entero no es más que una simple aldea, un villorrio, un pueblo pequeño
avasallado por la realidad de la información que nos conecta al minuto
con parajes y realidades absolutamente distantes de la nuestra. Al
momento nos llega lo que sucede en el mundo, pero eso no significa estar
informados. La información debiera dar cuenta de hechos, de
acontecimientos, de lo que sucede en nuestro entorno y eso, bien lo
saben los medios de comunicación. Conocido es este caso en que dos
personas discuten acaloradamente: una plantea que llueve, el otro que
no. El periodismo no debiese tomar partido por uno ni otro, sino
simplemente abrir la ventana y ver si llueve o no, en eso radica la
esencia de informar, pero -y desde que los grupos de poder se dieron
cuenta de la importancia de la prensa-, eso no siempre es así. En este
afán de dirigir la opinión pública y crear un estado de opinión y bajo
el sesgo de una ideología en particular, no informamos, entregamos
datos, simples elementos sin comprobar y de tanto repetirlos, la gente
los asume como verdad. Claro, no podemos dejar de lado la línea
editorial de todo medio, lo que es absolutamente aceptable y cualquier
intento por entrometerse en la entrega de información nada en aguas
solitarias, pero tampoco debemos permitir que francamente se nos mienta,
se nos tergiverse la verdad o se desvirtúen los hechos y en eso algunos
medios nacionales han dado cátedra de falta de ética periodística y los
“Agustines” que se las dan de periodistas y nos recuerdan a antiguos
dioses griegos han sido expulsados de su propio gremio por simplemente
ser unos mentirosos. Pero, la gente no filtra, que es el deber nuestro
cuando leemos y nos informamos, bueno, es más, hay simplemente gente que
no lee, que no entiende nada de los hechos que suceden en su entorno y
solo repite y repite los “datos” que le llegan por aquí y por allá… Las
redes sociales, salvo algunas excepciones, no te entregan información,
te brindan datos, hechos aislados sin fundamente, te presentan una
supuesta información carente de toda base y en la mayoría de los casos
son simples confabulaciones, mentiras que rayan en lo burdo y lo imbécil
de quienes quieren hacer creer a los demás hechos falsos como
verdaderos. Piense en lo siguiente: alguien hizo un fotomontaje para
presentarnos la imagen del presidente bebiendo una cerveza, cosa burda,
tonta, que denota una falta de inteligencia increíble de quienes
elaboraron ese dato, pero he aquí el punto: hubo gente que lo creyó y lo
compartió como verdad absoluta, sin confirmar nada, mordiendo como pez
idiota el anzuelo de la mentira y eso multiplíquelo por miles día a día.
Preocupémonos de informarnos bien, no crea toda la tontera que le
entregan las redes sociales, lea, infórmese, no asuma como verdad lo que
otros han levantado desde una mentira, en definitiva, no crea todo el
arsenal de “datos” no de hechos que día a día están inventando para que
usted, yo, miles aparezcamos como parlantes repitiendo tonteras o como
dos personas que discuten si llueve o no y ningún pelotudo abre la
ventana. La información es necesaria, forma parte de nuestras vidas,
pero no caiga en el juego del dato, eso no es informarse. Para todos,
como siempre, un abrazo.
P.D.: menos para los tontines que discuten sobre la lluvia y nadie abre la ventana.